Archivo de la etiqueta: novela francesa

TIEMPOS DE HIELO, de Fred Vargas

tiempos de hielo¿Qué sucedería si fuésemos capaces de revivir la historia? No simplemente reconstruirla, con escenarios y actores, sino hacer brotar de nuevo los sentimientos, las pasiones encontradas, las ideas de, por ejemplo, la época del Terror de Robespierre?  ¿Qué ocurriría si pudiéramos escuchar de nuevo en la tribuna al mismo Robespierre, el que entre septiembre de 1793  y la primavera de 1794 guillotinó en nombre de la virtud a todo aquel que se oponía a la Revolución Francesa? ¿Qué pasiones se desatarían? ¿Qué catarsis o venganzas provocaría? Sigue leyendo

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EL ÚLTIMO CORTEJO, de Laurent Gaudé

El último cortejo

El personaje de Alejandro Magno no ha dejado de suscitar interés y admiración, por ello, son muchos los escritores que se han aproximado a él. Unos, intentando ser lo más fieles posible a lo que de Alejandro conocemos por la historia. Otros, recreando lo que pudieron ser sus sueños, sus sentimientos o su comprensión del mundo y del ser humano. Laurent Gaudé hace de El último cortejo una historia  posible, tan bien narrada, que el lector querrá creerla.

Varias voces nos cuentan lo que sucede dentro y fuera de Alejandro, desde el último banquete ofrecido en Babilonia a sus cortesanos. Una danza enfebrecida nos presenta al emperador en su última batalla por la vida. Comprendiendo que la derrota será ineludible, no cederá. Una vida que nunca se rindió, que siempre luchó por llegar hasta el final, hasta las últimas consecuencias de sus decisiones, no se abandonará sin más a la muerte. Las voces narradoras pertenecen a este mundo y al mundo de los muertos, dan al relato esa mezcla entre misterio y realidad que debieron sentir los oídos de quienes escucharon los mitos de la tradición. Avisan de que Alejandro ya está entre ambos mundos, y nosotros los lectores con él. Sigue leyendo

ALEX, de Pierre Lemaitre

AlexTítulo: Alex
Autor: Pierre Lemaitre
Editorial: Grijalbo.
2011 
 

Si tuviéramos que buscar un adjetivo para definir este libro, podría ser “inquietante”, o quizá “sobrecogedor”, o “fascinante”, o “inteligente”, o… podríamos añadir muchos más.  Alex es una de esas novelas que se cogen para pasar el rato y de repente nos recuperan ese deseo irreprimible de leer, nos hace experimentar la necesidad impostergable de dejarlo todo para leer unas páginas más.  Inmersos en la lectura de Alex (desengáñate, lector, no te va a durar mucho más de tres días, y soltar el libro para hacer cualquier otra cosa será un verdadero suplicio), nos olvidamos de absolutamente todo lo que nos rodea y nos introducimos en el sobrecogedor mundo de Alex.  Y de Camille.  Pero no es solo  un buen argumento que engancha, también son unos personajes originales y perfectamente dibujados (y no solo los dos o tres principales, como ocurre en muchas novelas policíacas, donde quitados los protagonistas, los demás personajes son prácticamente intercambiables, sino todos los secundarios, incluso los que aparecen de forma esporádica). Además, un narrador potente e irónico (que no nos sorprende si hemos leído Nos vemos allá arriba, del mismo autor), una estructura inteligente al servicio de la historia y la sorpresa y, sobre todo, una enorme capacidad de subvertir las normas del género policíaco para que el lector sea incapaz de adivinar por dónde va a dar un giro el argumento y acabe absolutamente rendido al talento de Lemaitre, aunque quizá nuestros avezados lectores de 4º, que ya han leído “El pozo y el péndulo”, de Edgar Allan Poe, puedan intuir cómo se va a resolver el inquietante episodio del secuestro con el que empieza la novela.

Y otra cosa, cuando hayas leído la última línea posiblemente no podrás reprimir la tentación de volver atrás y releer algunos fragmentos clave, buscando detalles que te han pasado desapercibidos, fallos narrativos, errores de argumento. Hazlo, si te quedas más tranquilo, pero te lo anticipamos ya: cuadra todo, no hay ningún cabo suelto, ni el más mínimo detalle sin explicación.

Pero todo tiene su contrapartida:  quizá la lectura de Alex pueble tus sueños de pesadillas.  No digas que no te lo hemos avisado.

NOS VEMOS ALLÁ ARRIBA/ AU REVOIR LÁ-HAUT, de Pierre Lemaitre

nos vemos allá arriba

TÍTULO: NOS VEMOS ALLÁ ARRIBA/ AU REVOIR LÁ-HAUT 

AUTOR: Pierre Lemaitre
EDITORIAL: Salamandra (en castellano); Éditions Albin Michel (en francés)

 

Es el 2 de noviembre de 1918.  Faltan diez días para el final de la Primera Guerra Mundial.  Un grupo de soldados franceses espera tenso la orden de su teniente para escalar la barricada y lanzarse de cabeza contra las filas enemigas.  Uno de ellos es Albert Maillard, “un chico flaco, de temperamento ligeramente linfático, discreto”.  Albert: inseguro, leal, siempre al borde de un ataque de nervios y ligeramente claustrofóbico. Dos puestos delante de él otro soldado se vuelve y le sonríe “con la sonrisa de un niño a punto de hacer una travesura”.  Cuando el joven Péricourt le lanza a Albert esa sonrisa luminosa todavía no saben que el destino los unirá sin remedio, en una relación de emociones encontradas; en una huida hacia adelante cada vez más temeraria, donde cada uno carga con su vida, con su historia pasada, con sus temores, sus resentimientos, sus miedos y sus esperanzas.

Pero no solo encontrarás a Albert y a Édouard.  Esta es una novela de personajes magníficamente bien dibujados, algunos rayando en la caricatura, y otros tan reales que te costará olvidarte de ellos cuando termines de leer esta novela que desearíamos que no se acabase nunca. También conocerás al odiado teniente d’Aulnay-Pradelle, ambicioso y sin escrúpulos, responsable último de la suerte que corren ambos soldados; a Péricourt padre, que siente demasiado tarde la necesidad de reconciliarse con su hijo y, sin embargo, terminará haciendo por él lo único que este anhela; a Madeleine, mucho más inteligente de lo que parece; a Joseph Merlin, ese oscuro, repelente y meticuloso funcionario, toda una vida dedicada a ganarse el desprecio; a Louise, la niña cómplice, y a su madre, inmersa en un dolor que la aísla del mundo.  Y a tantos otros.  Pero por encima de todos ellos intuirás la sombra de un narrador omnisciente, potente, sarcástico y cínico, que es capaz de envolver de ternura y respeto a algunos personajes mientras a otros los deja caer al barro con unas cuantas palabras demoledoras (“…era un imbécil esférico: lo volvieras hacia donde lo volvieras, siempre se mostraba igual de idiota.  Con él no había nada que entender ni que esperar”).  Es un narrador capaz de ofrecerte la más terrible de las críticas envuelta en humor e ironía; que es capaz de enseñarte que la más horrenda de las deformidades puede convertir en ángel al que la padece.

Y cuando acabes la novela, lector, no te olvides de Édouard, mucho más que un simple personaje de una simple novela.  No te olvides de su dignidad (que tanto recuerda a veces a la del Joseph Merrick, el hombre elefante), de su excentricidad, de su desamparo.  No te olvides de su decisión de convertirse en ángel.

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AL ENVEJECER LOS HOMBRES LLORAN, de Jean Luc Seigel

AL ENVEJECER LOS HOMBRES LLORAN. Jean Luc Seigle.                                 Ed. Seix Barral. 2013 (puedes leerlo en francés: En vieillissant les hommes pleurent. Ed Flammamrion, 2012)

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Eugène Grandet y Albert Chassaing serán los protagonistas en la vida de Gilles, durante un tiempo en el que vivirá una de las experiencias más demoledoras de su infancia y de su vida. Estamos en 1961, en un pueblo muy pequeño, aunque no lo suficiente como para evitar las dolorosas huellas de la guerra. Gilles es el hijo pequeño de Albert Chassaing, un excombatiente del frente Maginot donde se intentó frenar el avance del ejército alemán en 1940. Con su trabajo de obrero en la factoría, saca a su familia adelante, mientras la afición por los relojes le distrae de sus tormentos, esos que le han quitado las ganas de vivir y que visualiza como una imaginaria bala muy cerca del corazón. Sereno, fuerte, honesto, pero sobre todo silencioso, así es Albert.

Gilles es también el hermano de Henri, el hermano mayor que ha sido movilizado para luchar en la guerra de Argelia. Ingeniero, estudiante brillante, absolutamente favorito de su madre, contrasta con el pequeño Chassaing. Gilles es un desastre en la escuela, lo que preocupa a su padre porque no hay otro futuro para sus hijos que el que propician los estudios y libra del embrutecimiento del trabajo en la factoría. Sin embargo, el amor que Gilles manifiesta por la lectura confiere a su soledad la riqueza de todos los mundos que están por explorar y que él ya sabe que le están esperando. Por si esto no fuera suficiente, los libros que lee hacen más soportable la indiferencia hiriente que le dedica su madre, Suzanne, y le abrirán las puertas de la casa de un maestro retirado con quien aprenderá lo que la escuela no le ha enseñado.
Pero un día como otro cualquiera, pasa algo excepcional, traen una televisión por primera vez al hogar de los Chassaing. Precisamente, cuando se va a emitir un reportaje sobre la guerra de Argelia en el que todos podrán ver y escuchar a Henri, aunque a duras penas lo reconozcan bajo las declaraciones diseñadas por los mandos militares. Los rostros iluminados por la pantalla palidecen, enmudecen y la desolación es la que apaga el novedoso aparato. La desolación es la que hará jirones la vida de esta familia sin que el lector tenga tiempo de prepararse.

Las sinuosas frases de Balzac que Gilles iba descubriendo en Eugenia Grandet eran un presagio de la sinuosidad de la vida misma, sufrida y compartida, sorteando las mentiras de quienes escriben la historia de los pueblos. Jean Luc Seigle, el autor de Al envejecer los hombres lloran, espera este momento para trasladarnos a un aula universitaria en la que un Gilles adulto va impartir una clase inusual sobre literatura, vida y mentira histórica. Ahora, serán las palabras las que le unirán de nuevo a su padre, haciéndonos comprender por qué tantos hombres vivieron y murieron, viven y mueren con una bala pegada a su corazón.

LA INTRUSA, de Eric Faye

LIBRO_La-intrusaLA INTRUSA, de Éric Faye
(Título original: Nagasaki)
Salamandra, Barcelona, 2013
Traducción del francés de José Antonio Soriano Marco.
 

“Se dice que los bambúes del mismo tronco florecen el mismo día y mueren el mismo día, por lejanos que sean los lugares del mundo en que los planten”. 

Esta cita de Pascal Quignard abre este exquisito libro de Eric Faye, cuyo título original es Nagasaki.  Qué manía la de cambiar los títulos originales por otros que no son el que el autor quería; en este caso, supongo que se pretende potenciar con el nuevo título lo que el libro tiene de más intrigante y misterioso.  Sin embargo, me parece un error, porque no es un libro de intriga, sino un libro sobre la soledad.  La intrusa gira en torno a un meteorólogo cincuentón y solitario que un día comienza a sospechar que alguien entra cotidianamente en su casa.  Pequeños indicios delatan a la intrusa (un yogur que falta en la nevera, un poco menos de zumo dentro del envase, una botella que no está en el sitio exacto donde debería estar…).

En realidad, no se puede contar mucho más, porque el libro es tan breve que si se cuenta algo más prácticamente destripamos el argumento.  Pero sí que podemos decir que es un libro sobre la soledad, sobre los inadaptados a la sociedad, sobre los que buscan refugio y los que necesitan compañía y aún así la rechazan cuando la tienen cerca.  Esa gente, como los bambús de un mismo tronco, están destinados a veces a tener vidas paralelas, como los dos protagonistas de esta historia, que de forma extraña entrecruzan sus vidas en la casa del meteorólogo.  A pesar de su brevedad, el libro está lleno de bellísimas imágenes que generalmente giran en torno a la intrusa: la mujer que vuelve la cara al sol y deja que le acaricie la piel reconociendo esta caricia como un bien preciado; la mujer que busca refugio entre los bambúes de las afueras de la ciudad.

Él es un hombre en principio anodino, solitario, un poco triste, cuadriculado, que necesita desesperadamente paliar su soledad y no sabe cómo hacerlo, que solo sabe ver la vida en una dirección y que ignora a su corazón cuando este le insinúa otras direcciones.  Ella, la aparente intrusa (cuando llegamos al final del libro nos preguntamos ¿quién es, en realidad, el intruso?), es una mujer fuerte y delicada a la vez, resistente y vulnerable (como los bambúes).  Él es un hombre oscuro que no reconoce la luz cuando la ve. Ella es una mujer luminosa condenada a vivir en la oscuridad.

Es un libro tremendamente apropiado para leer de un tirón, una tarde de domingo, a poder ser lluviosa.  Y al terminarlo, queda la sensación de que acabamos de leer una pequeña joya y bullen en nuestra cabeza unas palabras de la intrusa: “Pienso que todas las constituciones del mundo deberían reconocer el derecho inalienable de cualquier persona de regresar cuando guste a los escenarios más entrañables de su pasado.  Poner a su disposición un manojo de llaves que le permitieran entrar a todos los pisos, casas y jardines donde transcurrió su infancia y pasarse las horas muertas en esos palacios de inviernos de la memoria”.  Quizá estas palabras son las que nos hacen sentir una intensa nostalgia antes de cerrar la contraportada.

DIARIO DE UN CUERPO, de Daniel Pennac

diario-de-un-cuerpo-ebook-9788439726272DIARIO DE UN CUERPO. Daniel Pennac. Ed Mondadori. 2012.

Pennac deja de momento la saga Malaussène para escribir un libro peculiar que parece apreciar el tacto de nuestras manos, el ángulo de la inclinación de nuestra cabeza o la intensidad de nuestra mirada. Al principio parece extraño porque es como si el libro nos leyera, pero enseguida nos acostumbramos a este tráfico de sensaciones. El autor se ha propuesto deleitarnos con una de esas lecturas en forma de diario que saben a vida. ¿Cómo seré de mayor? ¿A quién amaré? ¿A quién perderé en el camino? ¿Sabré envejecer? ¿Cuándo y cómo moriré? Son cuestiones que todos nos vamos formulando a lo largo de los años y que nadie puede vaticinar. En cambio, la literatura nos permite la posibilidad de leer sus respuestas en el diario de este protagonista del que, sin pretenderlo, se aprende tanto.

La perspectiva es cautivadora, un diario escrito desde el cuerpo, desde esas experiencias que se agarran a las entrañas, detienen o aceleran nuestro latido para ir tejiendo y zurciendo nuestra piel. Cifras y letras, años y palabras en la vida de un hombre que comienza a escribir su diario el día en que sintió terror por primera vez y lo termina con una despedida definitiva.

Es un libro que nos cuenta la vida de un protagonista con un nombre que en ningún momento leemos, sin que ello impida que el lector se reconozca en él. Más allá de las circunstancias, se trata del reconocimiento de una “carnalidad” compartida de la que surge todo lo que somos, expectativa, deseo, materia, sentimiento, también pensamiento.

Diario de un cuerpo no es una novela filosófica en sentido estricto pero nos habla de una Filosofía de la carne. Uno de los filósofos más sugerentes del s.XX, Maurice Merleau-Ponty, defendía que el cuerpo es nuestro anclaje en un mundo, nuestro medio de poseer un mundo. Revolucionaba, por fin, una tradición filosófica y cultural que predominó en occidente durante siglos y que Descartes sintetizaba en aquellas palabras de su Discurso del método en las que afirmaba que incluso podría pensarse a sí mismo sin un cuerpo. Pennac, como el filósofo M.M-Ponty, saben un secreto que nos desvelan en sus libros, gracias al cuerpo vivo, gracias al cuerpo pienso, porque mi cuerpo va escribiendo la narración de mi vida.