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ALEX, de Pierre Lemaitre

AlexTítulo: Alex
Autor: Pierre Lemaitre
Editorial: Grijalbo.
2011 
 

Si tuviéramos que buscar un adjetivo para definir este libro, podría ser “inquietante”, o quizá “sobrecogedor”, o “fascinante”, o “inteligente”, o… podríamos añadir muchos más.  Alex es una de esas novelas que se cogen para pasar el rato y de repente nos recuperan ese deseo irreprimible de leer, nos hace experimentar la necesidad impostergable de dejarlo todo para leer unas páginas más.  Inmersos en la lectura de Alex (desengáñate, lector, no te va a durar mucho más de tres días, y soltar el libro para hacer cualquier otra cosa será un verdadero suplicio), nos olvidamos de absolutamente todo lo que nos rodea y nos introducimos en el sobrecogedor mundo de Alex.  Y de Camille.  Pero no es solo  un buen argumento que engancha, también son unos personajes originales y perfectamente dibujados (y no solo los dos o tres principales, como ocurre en muchas novelas policíacas, donde quitados los protagonistas, los demás personajes son prácticamente intercambiables, sino todos los secundarios, incluso los que aparecen de forma esporádica). Además, un narrador potente e irónico (que no nos sorprende si hemos leído Nos vemos allá arriba, del mismo autor), una estructura inteligente al servicio de la historia y la sorpresa y, sobre todo, una enorme capacidad de subvertir las normas del género policíaco para que el lector sea incapaz de adivinar por dónde va a dar un giro el argumento y acabe absolutamente rendido al talento de Lemaitre, aunque quizá nuestros avezados lectores de 4º, que ya han leído “El pozo y el péndulo”, de Edgar Allan Poe, puedan intuir cómo se va a resolver el inquietante episodio del secuestro con el que empieza la novela.

Y otra cosa, cuando hayas leído la última línea posiblemente no podrás reprimir la tentación de volver atrás y releer algunos fragmentos clave, buscando detalles que te han pasado desapercibidos, fallos narrativos, errores de argumento. Hazlo, si te quedas más tranquilo, pero te lo anticipamos ya: cuadra todo, no hay ningún cabo suelto, ni el más mínimo detalle sin explicación.

Pero todo tiene su contrapartida:  quizá la lectura de Alex pueble tus sueños de pesadillas.  No digas que no te lo hemos avisado.

LA PIEL FRÍA de Albert Sánchez Piñol

ACARICIANDO LA PIEL DEL OTRO.La piel fria

Nunca estamos infinitamente lejos de aquellos a quienes odiamos. Por la misma razón, pues, podríamos creer que nunca estaremos absolutamente cerca de aquellos a quienes amamos. Cuando me embarqué ya conocía este principio atroz. Pero hay verdades que merecen nuestra atención, y  hay otras con las que no conviene mantener diálogos.

Para los que tratamos a los libros como si fueran personas, suele ser una necesidad escribir una breve presentación antes de empezar a disfrutar de su lectura y todo lo que ella conlleva. Manía probablemente inapropiada porque, como las personas, los libros hablan por sí solos. La intención no es otra que invitaros a disfrutar de uno de los relatos más inquietantes que se ha publicado en nuestro país en los últimos años.

Si os dijéramos que se trata de un libro de aventuras, de un viaje de ida sin retorno de un rebelde sin patria, del enfrentamiento con seres monstruosos que inesperadamente surgen del océano, de la supervivencia en una diminuta isla que ha sido relegada al olvido, no faltaríamos a la verdad pero nos quedaríamos en la superficie de un libro que tiene piel.

Nuestro protagonista no imagina que lo peor de su destino en la isla no es la soledad sino el miedo incontrolable, semilla de una nefasta relación con lo desconocido, los citauca. El instinto sustituirá a la reflexión y sólo cuando retroceda a favor de ésta la historia dará un giro de 180 grados. Los primeros encuentros violentos entre los humanos y los monstruos del mar son relatados como escenas dantescas en las que la violencia es la expresión misma del pánico y la consecuencia del instinto de supervivencia. No hay espacio para dudar, para cuestionar, para buscar el sentido de los días y las noches que se suceden en la isla. Todo se reduce a la destrucción de lo “diferente”, que en aquellas circunstancias se traduce por “enemigo”.

Cuando la memoria de nuestro oficial atmosférico le devuelva a sus años en Irlanda, aquellos en los que su tutor se empeñaba en sacar de él todo lo que un ser humano tiene dentro para comprender al otro, como única vía de auto-conocimiento, su conciencia se preguntará: “Y si fueran algo más que monstruos?”. Y esta cuestión desencadenará los cambios drásticos en el personaje y en la isla, pues cuanto más crece en él el deseo de conocer al enemigo, más decrece el ansia de exterminio que le había guiado en su estancia en la isla hasta ese momento. Por ello, cuando Aneris entra en escena, se pone a prueba la “humanidad” de nuestro protagonista en su denodado esfuerzo por descubrir una realidad inalcanzable, la de Aneris y su mundo, por otro lado, tan necesario.

El  entorno de esta historia es determinante en el relato. El océano que rodea a la isla es en  cierto modo la disolución de la patria. El protagonista es un rebelde irlandés que crece respirando el nacionalismo que se alimenta del odio a lo británico y se estrella contra sí mismo. Su exilio en la isla pone “océano” por medio entre su pasado y su presente, a la vez que se le desvelará como el vientre misterioso de donde surgen las más inquietantes criaturas. Por otra parte, la isla que será su destino es una isla olvidada en los mapas, en las rutas marítimas, en la mente de los marineros. Olvido que acrecienta más si cabe esa soledad inherente al ser humano  por la que sabemos que por más que nos esforcemos siempre queda algo de nosotros mismos  inasequible a los demás.  Batís, el compañero náufrago que encontrará en ella y  él, el oficial atmosférico, son dos islas olvidadas en el océano de la humanidad. En cuanto al faro, no deja de ser paradójico que sea un edificio emisor de luz el que guarde tanta oscuridad en su interior. La luz del faro se proyecta sobre el horizonte, es decir,  sobre una línea más imaginaria que real, pero no sobre la propia isla. De la misma manera que sus dos habitantes proyectan luz y lógica sobre las estrategias de ataque y defensa manteniendo a oscuras la reflexión serena, la claridad del raciocinio que podía conducir su existencia en la isla a un sentido más auténtico.

Por todo ello, la lectura de La piel fría, nos evocará otras obras literarias en las que también  islas, faros y océanos han sido protagonistas: Robinson Crusoe, Los viajes de Gulliver,, Viernes o los límites del pacífico, La isla de los zurdos, Veintiún leguas de viaje submarino, La isla del doctor Moreau o El señor de las moscas, son libros maravillosos que Daniel Defoe, Jonathan Swift, Michel Tournier, Alexandre Jardín, Julio Verne , H.G.Wells  y W.illiam Golding nos han regalado.

Si os adentráis en este libro, descubriréis fascinados  que la piel de este libro es tan fría como profunda. Volviendo la última página, lograréis ser más conscientes de que los seres humanos somos seres con la textura de la contradicción, que se tantean a sí mismos en el odio y la violencia así como en el compañerismo y el compromiso. En la esperanza de los ideales y  en la amarga frustración, en la soledad que aísla y fabrica fronteras y en la necesidad de comprender al diferente, en la esclavitud instintiva con la que el miedo nos anquilosa y en la libertad que la reflexión y la confianza procuran.

 

NOS VEMOS ALLÁ ARRIBA/ AU REVOIR LÁ-HAUT, de Pierre Lemaitre

nos vemos allá arriba

TÍTULO: NOS VEMOS ALLÁ ARRIBA/ AU REVOIR LÁ-HAUT 

AUTOR: Pierre Lemaitre
EDITORIAL: Salamandra (en castellano); Éditions Albin Michel (en francés)

 

Es el 2 de noviembre de 1918.  Faltan diez días para el final de la Primera Guerra Mundial.  Un grupo de soldados franceses espera tenso la orden de su teniente para escalar la barricada y lanzarse de cabeza contra las filas enemigas.  Uno de ellos es Albert Maillard, “un chico flaco, de temperamento ligeramente linfático, discreto”.  Albert: inseguro, leal, siempre al borde de un ataque de nervios y ligeramente claustrofóbico. Dos puestos delante de él otro soldado se vuelve y le sonríe “con la sonrisa de un niño a punto de hacer una travesura”.  Cuando el joven Péricourt le lanza a Albert esa sonrisa luminosa todavía no saben que el destino los unirá sin remedio, en una relación de emociones encontradas; en una huida hacia adelante cada vez más temeraria, donde cada uno carga con su vida, con su historia pasada, con sus temores, sus resentimientos, sus miedos y sus esperanzas.

Pero no solo encontrarás a Albert y a Édouard.  Esta es una novela de personajes magníficamente bien dibujados, algunos rayando en la caricatura, y otros tan reales que te costará olvidarte de ellos cuando termines de leer esta novela que desearíamos que no se acabase nunca. También conocerás al odiado teniente d’Aulnay-Pradelle, ambicioso y sin escrúpulos, responsable último de la suerte que corren ambos soldados; a Péricourt padre, que siente demasiado tarde la necesidad de reconciliarse con su hijo y, sin embargo, terminará haciendo por él lo único que este anhela; a Madeleine, mucho más inteligente de lo que parece; a Joseph Merlin, ese oscuro, repelente y meticuloso funcionario, toda una vida dedicada a ganarse el desprecio; a Louise, la niña cómplice, y a su madre, inmersa en un dolor que la aísla del mundo.  Y a tantos otros.  Pero por encima de todos ellos intuirás la sombra de un narrador omnisciente, potente, sarcástico y cínico, que es capaz de envolver de ternura y respeto a algunos personajes mientras a otros los deja caer al barro con unas cuantas palabras demoledoras (“…era un imbécil esférico: lo volvieras hacia donde lo volvieras, siempre se mostraba igual de idiota.  Con él no había nada que entender ni que esperar”).  Es un narrador capaz de ofrecerte la más terrible de las críticas envuelta en humor e ironía; que es capaz de enseñarte que la más horrenda de las deformidades puede convertir en ángel al que la padece.

Y cuando acabes la novela, lector, no te olvides de Édouard, mucho más que un simple personaje de una simple novela.  No te olvides de su dignidad (que tanto recuerda a veces a la del Joseph Merrick, el hombre elefante), de su excentricidad, de su desamparo.  No te olvides de su decisión de convertirse en ángel.

au-revoir-la-haut

CUANDO TENGO MIEDO, A VECES, SACO UN LIBRO

lecturas, activas o en reposo_ Toshiyuki Enoki

La ilustración es de Toshiryuki Enol (http://enokitoshi.blog88.fc2.com/)

Nos pilla el final de esta larga segunda evaluación con un pequeño tesoro que tenemos guardado desde hace meses. No es solo una redacción de clase de 2º ESO, escondida entre un montón que no se acaba nunca para corregir en una tarde -creo recordar- del mes de enero.  Es también una pequeña confesión, delicada, simple, rotunda; es la breve historia de una lectora; es la convicción de que la pasión por la lectura es la misma, independientemente de la edad o la condición.  Es una de esas grandes sorpresas que hace que las interminables y aburridas tardes corrigiendo redacciones y trabajos tengan sentido.  Seguro que muchos de los que amáis los libros os sentís plenamente identificados con el último párrafo.  Que la disfrutéis.

Con esta entrada os decimos “hasta luego”, concretamente hasta el día del libro, día previo a la vuelta a clase después de las vacaciones de semana santa.  Descansad, relajaos y… buscad un buen libro que leer.

LOS LIBROS

A mí me gustan los libros, especialmente los románticos porque sé poco de eso.  Cuando me aburro en casa saco el libro que suelo coger de la biblioteca del instituto  (sobre todo si mi madre no me permite realizar ciertas cosas, como ver la televisión o navegar en internet).  Creo que los libros son iguales que una serie, pero escrita.  A veces me sorprendo cuando veo un libro grueso y me doy cuenta de que, si me gusta, me lo leo casi sin darme cuenta.  Cuando me gusta de verdad un libro, me lo leo en una semana.  No me suelen gustar los libros de ciencia ficción ni de cosas relacionadas con eso, porque son de imaginación muy extrema, y yo, sin embargo, prefiero la tranquilidad.  Empecé a leer hace poco, cuando el profesor de Lengua y Literatura nos mandaba libros para leer, entonces yo me cogí uno de la biblioteca que se titula Bajo la misma estrella, de John Green, que es muy romántico y triste y me hizo llorar y reír y me dio mucha pena el final.  Y también leí Una canción para ti, Diez cosas que hicimos, Refugio, Si tú me dices ven, lo dejo todo… pero dime ven, El corazón de Hannah, Siempre contigo, y ahora me estoy leyendo El diario de Ana Frank.

Cada uno cuenta experiencias de diferentes jóvenes de edades aproximadas entre quince, dieciséis o dicisiete años, y es que me gusta leer libros de más mayores para aprender y recordar para siempre cómo cada uno de los jóvenes pasa su vida.  Cada vez que leo uno, tengo ganas de leer más y más, pero no se puede leer todo el tiempo porque las personas tenemos muchos deberes y obligaciones.

A veces me quedo hasta tres horas seguidas leyendo, hasta que escucho a mi madre gritar.  Se me suelen cansar los ojos de tanto ver letras y papel blanco.  Sin los libros me siento vacía, sin amar la vida y súper mega ultra aburrida.  Cuando tengo miedo, a veces, saco el libro del cajón y lo abrazo profundamente hasta que llega a mi corazón y, en ese momento, me da seguridad y duermo feliz.  

AQUI YACEN DRAGONES, de Fernando León de Aranoa

AQUI YACEN DRAGONES, de Fernando León de Aranoa.                          Seix Barral, Biblioteca Breve. 2013.

Dragones, la palabra dragones nos traslada a un tiempo arcaico de lugares desconocidos. Los dragones habitan un pensamiento mágico que han conquistado aprovechando la flaqueza del conocimiento. Allí permanecen camuflados de misterio, esperando pacientemente a aventureros que sueñan con alcanzar los límites de la realidad.

Pacientes y ordenados yacen los relatos que Fernando León de Aranoa ha creado en este libro, esperando que los lectores se adentren en sus profundidades. En ellos, las plazas y calles llevan el nombre de tus experiencias vividas y soñadas. Los aeropuertos, las estaciones de tren, funden el espacio y el tiempo del que estamos hechos. María muere llevándose consigo un universo. Los emigrantes regeneran la esperanza que han perdido. Los sueños de Abdel navegan en el desierto impulsados  por el deseo de libertad de su pueblo. El tiempo transcurre escapándose de los relojes. La derrota del boxeador es la de nuestras vidas, frágiles pero luchadoras.

El autor es director de cine, en sus películas, Familia, Barrio, Los lunes al sol, Princesas, nos mostraba cómo de la percepción de lo cotidiano construimos la esencia de lo que somos. Algo inaprensible pero sólido que también está presente en estos relatos. Por ello, cuando los leemos, tenemos la paradójica sensación de leer ficciones muy reales, como si explorásemos un mundo submarino que no por más fascinante fuera menos real. Y como hay una sonoridad que nos envuelve al ser leídos, si imagino una banda sonora para Aquí yacen dragones, sería la de los sonidos que creería percibir en el fondo del mar.

Al principio del libro, una frase de la Poética de Aristóteles revaloriza la realidad que queda fuera de los márgenes, de las fronteras, de las delimitaciones: “Es probable que a veces sucedan cosas al margen de lo probable”.  Veinticuatro siglos más tarde, el filósofo francés M.M-Ponty decía de los pintores que reinventaban la percepción de las cosas desde la dimensión invisible de la realidad: “Porque profundidad, color, forma, línea, movimiento, contorno, fisonomía son ramajes del Ser, y porque cada uno de ellos puede traer consigo la mata entera, no hay en pintura “problemas” compartimentados, ni caminos verdaderamente opuestos, ni “soluciones” parciales, ni progreso por acumulación, ni opciones sin regreso. Nunca se excluye la posibilidad de que el pintor retome uno de los emblemas que había descartado, desde luego, haciéndole hablar de otro modo”. (M.Merleau-Ponty. Le visible et l’invisible. Cap V)

Cuando volvamos las últimas páginas de Aquí yacen dragones, no nos sorprenderán los deseos incontenibles de bucear en nuestra realidad cotidiana, de estar atentos a los detalles, a los espacios entre líneas, a los silencios, a los márgenes. Quién sabe si una metamorfosis se va produciendo en nosotros y al final, pacientes y ordenados, nos convertimos en dragones camuflados de misterio.

Aquí tienes una entrevista a Fernando León de Aranoa que no deberías perderte…

http://www.rtve.es/alacarta/videos/pagina-2/pagina-2-fernando-leon-aranoa/1732888/

GELMAN, PACHECO, GRANDE

Se marcha Enero, y con él se marchan también tres hombres tan bondadosos como grandes poetas.  Menos mal que sus palabras se quedan.

JUAN GELMAN (Buenos Aires, 3 mayo 1930; Ciudad de México, 14 enero 2014)

juan-gelmanDesconsoladamente.                                                               
Des
con sol,
hada,
mente.
 (Del libro Bajo la lluvia ajena)
 
EL EXPULSADO
me echaron del palacio/
no me importó/
me desterraron de mi tierra/
caminé por la tierra/
me deportaron de mi lengua/
ella me acompañó/
me apartaste de vos/
y se me pegan los huesos/
me abrasan llamas vivas/
estoy expulsado de mí.
yehuda al-harizi (1170-1237/toledo-provenza-palestina
(Del libro Com/posiciones)
 

JOSÉ EMILIO PACHECO (Ciudad de México, 30 junio 1939; Ciudad de México, 26 enero 2014)

jose emili pacheco

ALTA TRAICIÓN
No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos.
 
FÉLIX GRANDE (Mérida, 4 febrero 1937; Madrid, 30 enero 2014)
 felix-grande 

MUDO QUE ROMPE A HABLAR

 He querido expresarme
Toda mi vida he querido expresarme.
No tengo otro destino, otro afán, otra ley.
Fui actos sucesivos
y el olvido que destilaban
los corroía a ellos y  a mí. 
Sobre los actos fui palabras
y ellas buscaban una lumbre
que no me calentaba a mí. 
Palabras y actos juntos
nada son sin placer del cuerpo.
Ahora regreso de esa vida umbría
buscando siempre calor de mujer.
Palabras y actos sólo allí me expresan
Tu piel junto a mi piel, eso es lenguaje.
Todo cuanto pretenda enmudecerlo
maldito sea.
 

LA TV PÚBLICA QUE ANIMABA A LEER

Esta vez MILHOJAS recupera un vídeo muy breve y directo del magnífico programa infantil de los 80 “La bola de cristal”. En él se animaba a los niños a leer, sin contemplaciones ni complicaciones:

La Bola de Cristal fue el primer programa infantil que sentó a los niños con sus padres delante del televisor. Los electroduendes, el librovisor de Alaska, los acordes en espiral, la cuarta parte, los monográficos de Truca hicieron las delicias de los pequeños y no tan pequeños de la casa.

Haciendo click en el siguiente enlace veréis al mismísimo Julio Verne y sus increíbles personajes, gracias al librovisor de Alaska.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/television/librovisor-vidas-ejemplares-julio-verne/611406/

A disfrutar, con La bola de cristal!!

SOY EL CAPITÁN DE MI ALMA

NELSON MANDELA466/64 es el número que identificaba a un preso llamado Nelson Mandela en la prisión de Robben Island, en Sudáfrica.  Allí estuvo preso durante diecisiete años y otros diez en otras dos prisiones diferentes, por luchar contra el sistema del aparthaid. Cuando salió de la cárcel fue presidente de su país y basó su política en el perdón y la reconciliación. Nelson Mandela murió el jueves pasado, 5 de diciembre, a los 95 años. Intentar resumir una vida en cinco líneas es evidentemente absurdo, y no lo vamos a intentar aquí.  Tampoco es el lugar para hacerlo.  Pero sí que queremos recoger un poema que Mandela recitaba cuando estaba en sus peores momentos en la cárcel: Invictus, de William Ernest Henley. Es un poema rotundo, melancólico, que invita a creer en la vida a pesar de los momentos trágicos y desoladores.

W.E.Henley, que nació en 1849,  pasó una infancia difícil: enfermo de tuberculosis, acabó sufriendo la amputación de una pierna y pasando muchos meses de recuperación en un hospital.  Escribió este poema mucho tiempo después, en 1875, sin sospechar que casi sesenta años después de su muerte (que ocurrió en 1903) un hombre negro que luchaba contra el racismo y la discriminación, lo recitaría en la celda de una cárcel buscando entre sus versos fuerza para superar los momentos de desaliento, crueldad y humillación.

Que sea este un pequeño homenaje a Mandela y a cómo la literatura puede ser una maravillosa manera de aferrarse a la vida.

INVICTUS, de William Ernest Henley

inmigracion 6Out of the night that covers me,
Black as the Pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul. –
In the fell clutch of circumstance
concertina     I have not winced nor cried aloud.
     Under the bludgeonings of chance
     My head is bloody, but unbowed. –
     Beyond this place of wrath and tears
     Looms but the horror of the shade,
     And yet the menace of the years
     Finds, and shall find me, unafraid.
inmigraciónIt matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate;
I am the captain of my soul.

inmigracion 4Fuera de la noche que me cubre,
Negra como el abismo de polo a polo,
Agradezco a cualquier dios que pudiera existir
Por mi alma inconquistable.
En las feroces garras de las circunstancias
paterasNi me he lamentado ni he dado gritos.
Bajo los golpes del azar
Mi cabeza sangra, pero no se inclina.
Más allá de este lugar de ira y lágrimas
Es inminente el horror de la sombra,
inmigración 5Y sin embargo la amenaza de los años
Me encuentra y me encontrará sin miedo.
No importa cuán estrecha sea la puerta,
Cuán cargada de castigos la sentencia.
Soy el amo de mi destino: 
                                                   Soy el capitán de mi alma.

LA EXTRAÑA DESAPARICIÓN DE ESME LENNOX, de Maggie O’Farrell

portada de la extraña desaparición de esme lennox¿Dónde empieza realmente una historia?  La de Esme Lennox comienza en un baile de nochevieja, allá por los años 30 del siglo pasado, en algún lugar de Escocia.  O quizá no, quizá empiece mucho antes, en la India.  Lo que sí sabemos seguro es dónde acaba.  Acaba en una mujer anciana que mira a través de una ventana con barrotes.

La extraña desaparición de Esme Lennox es una novela intensa que crece a cada página que pasa.  Si estamos bien atentos, la descubrimos llena de ruidos que podemos escuchar (el zumbido de un insecto, un taconeo por el pasillo, la música de un baile, un grito que termina en súplica -“¡No me dejes aquí! ¡Por favor! No, por favor.  Seré buena, lo prometo.“).  Llena de imágenes que perduran en nuestra mente bastante tiempo después de cerrar la última página (un vestido de terciopelo rojo, unas piedras lanzadas al aire, una mujer que sale de una habitación, una niña acurrucada en un rincón con un bebé en brazos, una mantita verde, las huellas de mordiscos en los barrotes de una cama, un cojín de color burdeos con ribetes dorados…).  Llena de sensaciones a ras de piel (la silla incómoda, las ataduras demasiado prietas, el roce de la seda por el cuerpo, el abrazo desesperado, el ahogo en el mar, el frío intenso de un húmedo día de niebla). Pero sobre todo es una novela corta que deja una larga sensación amarga.

Una mujer dolorosamente lúcida desgrana sus recuerdos.  Su hermana, enferma de alzheimer, nos muestra retazos de recuerdos inconexos.  A través de ambas, una historia cada vez más desasosegante se va dibujando poco a poco ante los ojos atónitos del lector, el único que al final conoce la totalidad de los acontecimientos. Estamos ante la historia de una mujer que no se pliega a las convenciones sociales, que es diferente, que quiere ser feliz.  Es una novela sobre la búsqueda de la felicidad, sobre la presión de la sociedad sobre el individuo que se sale de lo socialmente correcto (esa Esme de dieciséis años que se revuelve contra las convenciones sociales habría hecho buenas migas con aquella Adela de La casa de Bernarda Alba…).

Al terminar de leer, un pequeño escalofrío nos recorre la piel, y casi es inevitable pensar: ¿Alguna mujer habrá tenido que sufrir alguna vez algo parecido a lo que describe la novela? Y tanto en la Escocia de principios del siglo XX, como en nuestro momento actual o en cualquier otro momento: ¿Quién dicta cuáles son las normas? ¿Y a costa de qué hay que cumplirlas?  ¿Quién sentencia en cada momento qué es lo que está bien y qué es lo que está mal? ¿Quién decide hasta dónde se puede llegar para ser feliz?  ¿Cuál es la consecuencia de atreverse a decir que no?

En la primera página hay dos citas que apuntan hacia lo que será el corazón de la novela: una de Emily Dickinson y otra entresacada de La edad de la inocencia, de Edith Wharton.  Esta última dice: “Yo no podría ser feliz a costa de una injusticia cometida contra otra persona.  ¿Qué clase de vida cabría edificar sobre tales cimientos?”. 

La extraña desaparición de Esme Lennox nos lo cuenta.

XINGÚ, de Edith Wharton

Xingú. Edith Wharton. Editorial Contraseña. 2012.

XinguPortadaXingú es una novela corta, entretenida y divertida, lo que no quiere decir ni mucho menos que sea simple ni intrascendente. La ilustradora Sara Morante ha realizado un trabajo excelente para la editorial Contraseña. En cierto modo, ya nos introduce en ese mundo femenino burgués y británico de principios de siglo XX desde los rostros de las mujeres que tan solemnes presiden la portada del libro. Por su parte, Eva Puyó nos presenta a la autora de La edad de la inocencia como una mujer que viven una época difícil, como suelen ser todas las transiciones. “Demasiado antigua para ser moderna y demasiado moderna para que la consideraran un clásico”.

Las protagonistas del relato han fundado un club de lectura, el Club del Almuerzo. Las señoras Ballinger, Plinth, Van Vluyck, Leveret, Glyde, son algunas de ellas y cada una representa muy bien su papel. Tanto es así, que su aparente hambre intelectual en realidad lleva mucho tiempo convertido en un ritual en el que todo está establecido de antemano, desde la organización de las sesiones hasta las intervenciones de los miembros del club. Un ritual que se considera a sí mismo la excelencia de la intelectualidad local, por lo que es difícil incorporarse a él desde fuera, a no ser que el “elemento” extraño se muestre digno de pertenecer a él. Pero como ocurre casi siempre que nos pierde la soberbia, basta algo sencillo y espontáneo para que todo el mecanismo del ritual se descuajaringue. Es lo que va a conseguir la señora Roby, con ocasión de la visita que hace al club la escritora Osric Dane para hablar  de su obra. 

          “¡Tonterías! – exclamó la señora Ballinger – Busque en la X. 

          La señorita Van Vluyck volvió sobre las páginas del libro, escudriñándolas e arriba abajo y hasta el final con sus ojos de miope. Luego, se quedó tan inmóvil como un perro de exposición.

          Y bien, ¿lo ha encontrado? – preguntó la señora Ballinger después de una larga espera.

          Sí, lo he encontrado – dijo la Van Vluyck con una voz muy rara…”

“Xingú”, un gracioso antídoto contra la prepotencia y la soberbia. Pero además, una palabra bonita, sonora, extraña y misteriosa, seductora como esperamos que sea esta lectura para ti.

DIARIO DE UN CUERPO, de Daniel Pennac

diario-de-un-cuerpo-ebook-9788439726272DIARIO DE UN CUERPO. Daniel Pennac. Ed Mondadori. 2012.

Pennac deja de momento la saga Malaussène para escribir un libro peculiar que parece apreciar el tacto de nuestras manos, el ángulo de la inclinación de nuestra cabeza o la intensidad de nuestra mirada. Al principio parece extraño porque es como si el libro nos leyera, pero enseguida nos acostumbramos a este tráfico de sensaciones. El autor se ha propuesto deleitarnos con una de esas lecturas en forma de diario que saben a vida. ¿Cómo seré de mayor? ¿A quién amaré? ¿A quién perderé en el camino? ¿Sabré envejecer? ¿Cuándo y cómo moriré? Son cuestiones que todos nos vamos formulando a lo largo de los años y que nadie puede vaticinar. En cambio, la literatura nos permite la posibilidad de leer sus respuestas en el diario de este protagonista del que, sin pretenderlo, se aprende tanto.

La perspectiva es cautivadora, un diario escrito desde el cuerpo, desde esas experiencias que se agarran a las entrañas, detienen o aceleran nuestro latido para ir tejiendo y zurciendo nuestra piel. Cifras y letras, años y palabras en la vida de un hombre que comienza a escribir su diario el día en que sintió terror por primera vez y lo termina con una despedida definitiva.

Es un libro que nos cuenta la vida de un protagonista con un nombre que en ningún momento leemos, sin que ello impida que el lector se reconozca en él. Más allá de las circunstancias, se trata del reconocimiento de una “carnalidad” compartida de la que surge todo lo que somos, expectativa, deseo, materia, sentimiento, también pensamiento.

Diario de un cuerpo no es una novela filosófica en sentido estricto pero nos habla de una Filosofía de la carne. Uno de los filósofos más sugerentes del s.XX, Maurice Merleau-Ponty, defendía que el cuerpo es nuestro anclaje en un mundo, nuestro medio de poseer un mundo. Revolucionaba, por fin, una tradición filosófica y cultural que predominó en occidente durante siglos y que Descartes sintetizaba en aquellas palabras de su Discurso del método en las que afirmaba que incluso podría pensarse a sí mismo sin un cuerpo. Pennac, como el filósofo M.M-Ponty, saben un secreto que nos desvelan en sus libros, gracias al cuerpo vivo, gracias al cuerpo pienso, porque mi cuerpo va escribiendo la narración de mi vida.

TODO EN ESTADO DE VIDA, EXISTIENDO Y ACABANDO A LA VEZ

Jose-Luis-SampedroCuando la sirena sintió miedo, descubrió que era mortal. Miró hacia abajo y vio desaparecer sus escamas y aparecer sus piernas.  Con un esfuerzo, salió del agua y comenzó a ser consciente de su cuerpo, sintió que corrían fluidos, aparecían poros, cavidades, conductos, se entrecruzaban cauces, torrentes, cataratas, latidos, mensajes… Tomó aire y respiró, y con la respiración, olió la sal marina, el ciprés y la humedad.  Sintió que el mundo entero se había puesto en movimiento.  Que el asentado universo se estremecía todo y parecía recién hecho porque se mostraba haciéndose a cada instante.  El mundo había roto sus cadenas.  Los cipreses antes inmóviles eran llamas verdes estremecidas por su vibración interna y no por el viento; las hierbas se estiraban hacia lo alto en un impulso diminuto pero irrefrenable, las nubes se formaban y deshacían incansablemente.  Todo era mutable, poderoso, lleno de bocas ávidas respirando, el cosmos era un tórax aspirando, espirando… Poco a poco amanecía y todo eran luces, temblor, fulgores, movimiento (…)  La nueva mujer abría sus ojos maravillados al descubrimiento de aquella vibración universal sin saber -porque nada recordaba ya de su pasado marino- que estaba sientiendo el tiempo (…) Nada permanecía, todo transcurría inexorablemente (…) Todo implacablemente arrastrado, pero ardientemente resistiendo: todo en estado de vida, existiendo y acabando a la vez. 

Qué maravillosa descripción del descubrimiento de la vida, del tiempo, que solo adquiere su auténtico valor cuando se sabe de la presencia de la muerte.  José Luis Sampedro, escritor, economista, hombre lúcido y bueno, se nos murió anteayer, el domingo 7 de abril, pero sus palabras y sus ideas seguirán “ardientemente resistiendo”.

Los fragmentos en cursiva están tomados de La vieja sirena, ediciones destino, 1990, páginas 249-250.

INTEMPERIE, de Jesús Carrasco

intemperieTítulo: Intemperie.  Autor: Jesús Carrasco.  Editorial: Seix Barral. 2013

 

Hace una semana que me terminé Intemperie y sus poderosísimas imágenes todavía me perturban: un niño acurrucado en una madriguera, inmóvil horas y horas; un cabrero con el cuerpo cubierto de latigazos; una colilla marrón en un cenicero, que descubre un futuro inmediato lleno de violencia. La sed, el hambre, el calor sofocante, la piel de la cara estragada por los rayos de sol, la suciedad, el sol inclemente, el miedo. Pero también la ternura, los sueños, el viejo casi abatido que se erige en el más justo y digno de los hombres (“Ángel de fuego que derriba los muros”).

Hay libros que gustan y otros que no, hay libros que interesan y otros que aburren, pero Intemperie es un libro rotundo que estremece, que deja sin aliento, que perturba, al menos a mí. Con un rigor y un estilo a mitad de camino entre la brutalidad y el lirismo teje una historia de una simplicidad tremenda: un niño, con un oscuro secreto que pronto intuirá el lector, huye de su padre y del aguacil a través del interminable campo seco y arrasado por la falta de lluvia y un calor inmisericorde, en un tiempo de amos y caciques; en su huida desesperada, a vida o muerte, conocerá al pastor. Ni el chico, ni el pastor de cabras, ni el aguacil que lo persigue y cuya alargada sombra llega a poner los pelos de punta, tienen nombre. Ni el lector lo conoce, ni parece que lo conozcan los personajes (“Le hubiera gustado saber el nombre del viejo”). Y es mejor así, porque al ser anónimos se convierten en cualquier niño, cualquier viejo, cualquier perseguidor, en cualquier lugar, en cualquier época. De esta manera, poco a poco, la historia acaba adquiriendo la textura de los sueños –o las pesadillas- y se convierte en esas historias atemporales donde los personajes, transformados en arquetipos, se mueven entre la bondad y la maldad.  Y precisamente es esa atemporalidad la que le otorga numerosas interpretaciones que, sin duda, te plantearás.

Es una historia contada con precisión, rigor y sobriedad, sin ahorrar detalles escabrosos, a veces; deteniendo el tiempo para permitir que el niño sueñe con montañas verdes y frescas, otras veces, o para que acaricie despacito la cabeza de un perro. Y muy a menudo con líneas que casi hipnotizan (“Recogido sobre sí mismo, para formar en el espacio un punto de reunión entre la humedad de la tierra y la de los ojos”).

La intemperie se convierte en la protagonista todopoderosa del libro, que acompaña y agrede al chico en su huida, que todo lo condiciona y a la que todo se supedita. “La intemperie le había empujado mucho más allá de lo que sabía y de lo que no sabía acerca de la vida”. Pero la intemperie, madre y madrastra, también le regala al chico, y  nos regala a todos, la esperanzadora imagen del final.

Si te interesa saber algo más de esta primera novela de Jesús Carrasco, aquí te dejamos este vídeo de La 2

PERO LO QUE YO SIENTO ES DE VERDAD

lectura electrizante

Al lector se le llenaron de pronto los ojos de lágrimas,
y una voz cariñosa le susurró al oído:
-¿Por qué lloras, si todo
en ese libro es de mentira?
Y él respondió:
-Lo sé; pero lo que yo siento es de verdad.

Ángel González, Nada grave

La ilustración está tomada de la web Lecturimatges: la lectura en imágenes .

POR QUÉ ME COMÍ A MI PADRE, de Roy Lewis

POR QUÉ ME COMÍ A MI PADRE. Roy Lewis.  Editorial Contraseña. 2012

cubiertacontrase–a15.inddAl empezar a leer “Por qué me comí a mi padre”, uno tiene la sensación de formar parte de la historia. Aunque no nos sintamos los convidados de un banquete antropofágico, en cierto modo la sentimos como nuestra. Los protagonistas son los miembros de una horda de homínidos en plena marea superadora. Dirigidos por un patriarca inteligente y altruista, éste empuja infatigablemente a sus descendientes a que desarrollen su talento para contribuir a la evolución de la especie.

Sin embargo nuestra fuerza radica en nuestra falta de especialización… – pero ¿qué más cosas se pueden hacer? – insistió mi hermano. – Espera y verás – dijo mi padre, apretando los labios -. Espera y verás. “ (Cap 5 p 55)

Se trata de una aventura genial en la que, tras descubrir el fuego y sus potencialidades, nuestros antepasados por primera vez empiezan a asentarse en un territorio, a perfeccionar sus armas de sílex, a llenar de arte el interior de las cavernas, a intentar domesticar animales, a negociar con otras hordas, a sentir amor por lo extraño en forma de mujer, a sospechar que pensaban, y todo ello con la emoción de un estreno mundial.

Quien no se ha imaginado alguna vez viajando tiempo atrás en la historia para ser testigo de esas fechas que luego hemos estudiado en los libros o hemos visto reflejadas en pinturas, películas, fotografías. Qué fascinante hubiera sido contemplar al primer homínido que decoró su cueva mientras descubría que el mundo podía ser representado, reinventado, recreado. Qué miedo debió de sentir el primer homínido que se sorprendió pensando, como si otro “yo” le habitara y hablara con él, mientras el pensamiento discurría. Qué desazón tuvo que experimentar el primer homínido que descubriese los principios morales que dieron relevancia a las acciones propias y ajenas, dejando la indiferencia instalada en el reino animal. Cuánta esperanza debió de poner en la flores y en las pequeñas piedras el homínido que las colocaba sobre el cadáver de otro hermano.

Pues bien, Roy Lewis nos propone en este libro un viaje en el tiempo con el aliciente de una genial aventura que también fue extremadamente arriesgada y pasó factura. El sentido del humor con el que se narra no impide que comprendamos en qué consistía la familiaridad que sentíamos al inicio de la lectura. Se trataba de nuestra familia humana, ésta que, a pesar de tantos descubrimientos y avances, no sabe aún “apagar el fuego”.

… Y aunque la portada es lo primero que vemos de un libro, a ella volvemos después de haberlo leído. Entonces, comprendemos el mensaje que enlaza palabra e imagen. Si quieres descubrir el proceso creativo del ilustrador Alberto Gamón para la portada del libro, podéis visitar su blog y disfrutarlo.

http://gamonadas.blogspot.com.es/2012/11/contrasena-editorial-5-por-que-me-comi.html