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CINCO “NOVELAS PUZLE” PARA DEJARSE LLEVAR

La estructura puzle, o estructura mosaico, es una de las más atractivas de la literatura. Son novelas que se componen de pequeños fragmentos que se van acumulando en la conciencia del lector, encajando poco a poco como un puzle. Sin embargo, en una buena novela con estructura puzle, el lector no se despista ni se aturulla.  Al contrario, acaba sintiéndose arrastrado por todo ese río de pequeñas piezas, donde suelen mezclarse personajes, tiempos, vivencias… y, sin apenas esfuerzo por encajarlas adecuadamente, se va construyendo ante sus ojos el puzle completo, ya sea este la vida de una personaje, una lugar en determinada época, una historia de amor…

Las novelas puzle nos envuelven y nos zarandean con su fuerza. A través de ellos fluimos sin remedio. Aventúrate, déjate llevar. Estos son las cinco que te proponemos y estos son sus comienzos: Sigue leyendo

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PUEDE QUE EL AMOR SEA SOLO ESO (texto de Patricia Esteban)

Hace treinta y dos años y dos días que murió Julio Cortázar, el gran cronopio, uno de los favoritos de Milhojas.  Que hace dos días no publicáramos nada sobre él es un olvido imperdonable.  Pero afortunadamente Patricia Esteban viene a removernos la memoria con uno de los textos más preciosos que hemos leído sobre Julio y Carol Dunlop, su última compañera.  (Patricia Esteban Erlés es profesora de lengua y también escritora.)  Disfrutadlo: este texto es muchas cosas pero es sobre todo palabras de amor.

CORTAZAR Y CAROL DUNLOPCarol Dunlop, la osita.
Puede que el amor sea solo eso, regalarle a quien amas la mentira de que vivirá siempre, de que no está ya sentenciado a dejar de viajar, de escribir, de mirar cuadros. La osita calló y le regaló a Cortázar un tiempo feliz de huesos largos y frágiles, algunas sinfonías más, los verdes imposibles de otro lienzo florentino. Pensaría al mirarlo que lo estaba salvando, que vencían juntos a la muerte, una sombra gatuna que aparecía de tarde en tarde, con un ligero mareo o un dolor profundo entre las costillas. Carol Dunlop le entregó un silencio que era una prórroga, deseando que durara mucho. “Yo creo, realmente creo, que serán años y años. Tal vez entre tanto tomaremos en el buen momento el mal avión”.
Hubiera sido hermoso y justo ese accidente, que les hubiera permitido morir de golpe, de pronto, sin tiempo, bebiendo el último trago de la tarde a toda prisa. Pero no apareció el avión averiado, no hubo suerte.
Ella murió primero, de algo tan parecido a la enfermedad de él que cuesta creer que no fuera el propio silencio quien la envenenó. Él regaló en una de sus últimas cartas a una amiga común la más bella definición de la tristeza.
“Silvia, no te escribiré más por hoy. Estoy tan solo, tan deshabitado”.

PARÍS NO DEJA DE BRILLAR

untitledHace apenas tres días, con motivo del Poppy Day (11 de noviembre,  día en el que se celebra el final de la primera guerra mundial), nuestros alumnos reivindicaban un mundo donde la convivencia en armonía y respeto fuera posible.  No más guerras, podíamos leer en el cartel colgado en nuestra biblioteca. No más guerras, ni más violencia, ni más odio, ni más destrucción.  Apenas dos días más tarde, nos asaltan las terribles imágenes de los atentados en París.  Milhojas se suma al dolor de Francia, como antes se sumó al de Siria con sus más de trescientos mil muertos,  al grito de sus refugiados, al de las niñas africanas secuestradas por la intolerancia de boko haram… Qué espanto de lista.

El Quai de Conti, desde la rue de Seine, lugar donde comienza Rayuela. (Foto de Milhojas)

“…Como vos y como yo, como dos puntos perdidos en París que van de aquí para allá…” escribió Julio Cortázar en Rayuela, quizá la novela donde París brilla con más internsidad.  Sirva esta frase y su pequeño destello como homenaje.

LA LLUVIA ANTES DE CAER

¿Recuerdas el olor de la lluvia antes de caer? Muchos de los que adoramos la lluvia, sobre todo si vivimos en zonas donde apenas llueve, tenemos un sexto sentido desarrollado, una especial intuición, mezcla de electricidad y olor sutil, que nos indica cuándo está a punto de empezar a llover. Una sensación de tensión contenida, una certidumbre de lluvia inminente, que nos cuenta que todo es posible todavía. Lo que te hace feliz y todavía no ha ocurrido. Quizá nadie ha expresado mejor esto que Jonathan Coe en La lluvia antes de caer:

Imagen de la portada de La lluvia antes de caer.

Imagen de la portada de La lluvia antes de caer.

“¿Tu lluvia favorita?”, dijo Teha. Recuerdo que frunció el ceño sopesando aquellas palabras, y luego exclamó: “Pues la mía es la lluvia antes de caer.” Rebecca se sonrió al oír aquello, pero yo dije (en plan pedante, supongo): “Pero, cielo, antes de caer, en realidad no es lluvia.”  Y Thea me dijo: “¿Y entonces qué es?”  Y yo le explique: “Pues es sólo humedad. Humedad en las nubes”. Thea bajó la vista y se concentró una vez más en escoger los guijarros de la playa; cogió dos y se puso a golpearlos uno contra otro. Parecía que el ruido y la sensación le gustaban. Yo seguí: “¿Entiendes entonces que no existe la lluvia antes de caer? Tiene que caer para que sea lluvia”. Era una tontería explicarle aquello a una niña pequeña; casi me arrepentía de haber empezado. Pero por lo visto Thea no tenía ningún problema en captar la idea; más bien al revés, porque al poco rato se quedó mirándome y meneó la cabeza con gesto de pena, como si discutir aquellas cosas con una idiota estuviera poniendo a prueba su paciencia. “Ya sé que no existe”, dijo “Por eso es mi favorita. Porque no hace falta que algo sea de verdad para hacerte feliz, ¿no?”. (Jonathan Coe, La lluvia antes de caer.  Anagrama, 2007, p.149)

 Los alumnos de segundo se han puesto en situación y han imaginado o recordado cómo ven, oyen, sienten y huelen la lluvia, y así han escrito estas descripciones de la lluvia, atendiendo a la forma de percibirla desde diferentes sentidos. A ver si adivinas qué sentido predomina en cada descripción:

Eran tan rápidas y transparentes que parecían rayitas.  Tan abundante que al caer parecían bolitas de papel transparente.  Mientraes caen las gotas sobre el césped pueden causar melancolía, tristeza o, a algunos, diversión.  Fue solo temporal, pero… quién diría que una simple lluvia era capaz de crear tanta belleza.  (Tatiana)

Era un día nublado.  Me llegaba un olor un tanto extraño, diría que era algo así como a humedad, a tierra mojada, un olor a hierba, a plantas recién regadas.  Me transmitía trnaquilidad y pureza.  Me olvidé de todo lo que me rodeaba y me Sigue leyendo

GRAN BULLA Y PUERTAS QUE GOLPEAN

bienvenida cronopios

Los famas para conservar sus recuerdos proceden a embalsamarlos en la siguiente forma: Luego de fijado el recuerdo con pelos y señales, lo envuelven de pies a cabeza en una sábana negra y lo colocan parado contra la pared de la sala, con un cartelito que dice: “Excursión a Quilmes”, o: “Frank Sinatra”.

Los cronopios, en cambio, esos seres desordenados y tibios, dejan los recuerdos sueltos por la casa, entre alegres gritos, y ellos andan por el medio y cuando pasa corriendo uno, lo acarician con suavidad y le dicen: “No vayas a lastimarte”, y también: “Cuidado con los escalones”. Es por eso que las casas de los famas son ordenadas y silenciosas, mientras en las de los cronopios hay gran bulla y puertas que golpean. Los vecinos se quejan siempre de los cronopios, y los famas mueven la cabeza comprensivamente y van a ver si las etiquetas están todas en su sitio.

(“Conservación de los recuerdos”, en Historias de cronopios y famas, de Julio Cortázar)

Pues eso es lo que queremos hacer nosotros: conservar los recuerdos en este blog al estilo cronopio.  Que el tiempo y las ganas nos mezclen a su antojo recomendaciones lectoras, actividades de clase, novedades editoriales, opiniones, creación…  Con el tiempo, seguro que tendremos una maravillosa biblioteca actualizada, funcional y organizadísima, que incluso a los famas les dará envidia, pero hasta que llegue ese momento disfrutaremos de una biblioteca virtual, esperamos que llena de bulla y puertas que golpean.

(Por cierto, si no te has leído las Historias de cronopios y famas, del gran Julio, no te lo pienses dos veces.)