CARTA A DIAN FOSSEY, por Claudia Blasco. 3ºC

Fotografía de Dian Fossey (National Geographic)

Ellas completan la historia. Mujeres con una capacidad de trabajo y entrega suficientes para cambiar realidades, solucionar problemas, mejorar el mundo. Os invitamos a leer la emotiva carta que la alumna Claudia Blasco de 3º ESO dirige a una de ellas, Diane Fossey. A continuación, muy probablemente, querrás ver  el vídeo de National Geographic sobre el documental que mostraba su gran trabajo con los gorilas de las montañas. Sólo tienes que hacer “click” en la fotografía.

Querida Dian Fossey: 

 Amiga ¡Cuánto tiempo! Parece que fue ayer cuando me contabas alucinantes anécdotas sobre tu viaje a África en 1963.

Allí aprendiste la importancia del estudio de los simios para comprender la evolución humana, como muy bien te enseñó el paleontólogo Louis Leakey.

Recuerdo una carta que me enviaste en la que me contabas tu traslado a Ruanda y tu nueva capacidad de comprender e imitar el comportamiento de los gorilas, lo que te permitió ganarte la amistad de varios de ellos.

En 1967 fundaste el Centro de Investigación de Karisoke y en 1974 recibiste el grado de doctora en zoología. ¡Qué contenta estabas!

Los años pasaban y yo seguía recibiendo tus cartas llenas de experiencias y avances con tus nuevos amigos, pero nunca imaginé que en 1983 llegarías a publicar un libro: Gorilas en la niebla. ¡No podía estar más orgullosa de ti!

Además de los avances conseguidos por tus investigaciones, estuviste 22 largos años luchando contra la actividad de cazadores furtivos que llevaban a los gorilas de montaña a la extinción.

Desde que te conocí, siempre fuiste una luchadora, con metas grandes que siempre lograbas alcanzar, aunque esto te creara enemigos.

Pero hubo una carta, una última carta que recibí en 1985 desde África, aunque no era tuya. En ella me explicaban cómo el jefe de los cazadores furtivos de gorilas (uno de tus enemigos) te mató a machetazos. No tenía sentido ¿Por qué? ¿La gente es capaz de hacer cosas así? Por lo visto sí, porque tu vida quedó parada en ese momento, en ese punto del tiempo, sin tu haberlo elegido.

Lo peor es que luego me llegó otra teoría que decía que tu asesino fue Wyne McGuire, el estudiante al que asesorabas. Pero sinceramente, no quiero saber cuál es la verdadera.

Te echo de menos, mucho. Pero miro todo lo que nos has dejado, todos los resultados de tu lucha, y sobre todo, el aumento de la población de gorilas en África, alejándolos así de su extinción; y sé, que ahora mismo, viva o muerta, serías la persona más feliz del planeta.

Actualmente yaces en Karisoke junto a tus amigos gorilas fallecidos, como tú querías. Sólo me queda darte las gracias, por todo tu esfuerzo y dedicación hasta el final. El mundo entero te estaremos siempre eternamente agradecidos. Y aunque esta carta nunca llegue a ser leída por ti, espero que sepas que jamás dejarás de existir en la memoria de todos nosotros y de los que vendrán.

La última entrada de tu diario decía:

“Cuando te das cuenta del valor de la vida, uno se preocupa menos por discutir sobre el pasado y se concentra más en la conservación para el futuro.”

Y cuánta razón tenías…

Besos, estés donde estés.

Tú vieja amiga, Claudia Blasco.

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