¿Y QUÉ PASARÍA SI…? (una mirada diferente a la literatura de los Siglos de Oro)

Quevedo y Góngora, por fin reconciliados, nos cuentan su vida y obra en una clase de 3º ESO (foto Milhojas)

¿Y si la eterna y famosa enemistad entre Góngora y Quevedo escondiera en realidad una historia de amor loco y oculto, perseguido por la inquisición? ¿Y si una antepasada nuestra hubiera escrito el Lazarillo de Tormes? ¿Y si incluso una de nuestras alumnas hubiera viajado en el tiempo al siglo XVI y hubiera escrito una novela de un pobre pícaro que intenta sobrevivir, y luego hubiera perdido esos papeles con las prisas por volver a la actualidad?

¿Y si Garcilaso se apareciera en nuestras sueños y nos recitara sonetos de amor con voz profunda? ¿Y si nuestro abuelo, perdido en la bruma del alzheimer, se creyera el mismísimo Garcilaso y volviera a reescribir sus versos? ¿Y si una y otra vez nos despertáramos en la última batalla que libró Garcilaso, viéndolo morir en bucle, y tuviéramos que cumplir un oculto deseo para volver a nuestra época? ¿Y si Lázaro se reencontrara con el ciego ya de adulto? ¿Qué ocurriría? ¿Se vengaría? ¿Y si nos durmiéramos y al despertar estuviéramos metidos en El Quijote, y fuera el mismísimo Cervantes el que tuviera que ayudarnos a salir de allí?

Estas y otras historias las han creado las calenturientas mentes de los alumnos y alumnas de 3º ESO, con el pequeño acicate de sustituir el examen por un trabajo, que ha consistido en escribir un relato ambientado en el contexto literario de los Siglos de Oro, y defender luego su trabajo en una exposición oral.

Os dejamos alguna de las frases que han escrito en un arrebato de creatividad sin precedentes en la historia de la literatura:

Después de una prolongada siesta me fui a casa de Góngora. Tenía mucho que hablar con él. Iba pensando por el camino qué le iba a decir, pero no encontraba las palabras. Irónico. Yo, “el gran Quevedo”, sin saber qué decir.

– Chicas… Os tengo que confesar algo. La primera noche, no soñé nada. Pero me resultó peculiar que las tres lo hicieseis, al parecer, con el mismo hombre. Ese día encontré un fragmento de papel muy antiguo, en el que estaba escrito un verso firmado por Garcilaso de la Vega –expone Elena.
– ¡No puede ser! – exclaman preocupadas Gema y Bea.
– ¡Qué guay! –grita Elisa.

Don Quijote: ¡Eh! Sancho, venid a ver a estos chiquillos, ya se
han despertado.

Pedro: Hace… más o menos… ¿cuánto tiempo llevamos en este lugar?
Don Quijote: En primer lugar, señores y señorita, presentaos ante
este hidalgo, no seáis tan bultuntunes.

Natalia: ¿Qué no seamos qué?
Don Quijote: Es decir, muchachita, que no digáis cosas sin ton
ni son.

Pedro: ¿Que no digamos sin camisón?

Yo, Inés Agustín, soy nada más y nada menos que la verdadera autora de “El Lazarillo de Tormes”. Sé que suena difícil de creer, me cuesta creerlo hasta a mí, pero la vida es así, siempre pasa lo que menos te esperas.

…cada día es un reto para mi supervivencia, la gente me ignora, no puedo mendigar. Solo me queda servir a diferentes amos para que me mantengan. En realidad, no se pueden llamar amos, ellos no me poseen, más bien yo los poseo a ellos.

Góngora: Poco caso había de hacerse a un bufón lenguaraz con claras intenciones banales e infantiles.
Quevedo: Yo te untaré mis versos sobre tocino para que no me los muerdas Gongorilla, perro de los imperios de Castilla.
Góngora: ¡Malandrín!

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