LA HAZAÑA SECRETA, de Ismael Grasa. Ed, Turner Minor, 2018.

Imagen del blog de José Luis Rico

Existe lo que hace uno a lo largo de un día. Son cosas que están a la vista, sonidos a los que damos lugar y objetos que movemos con las manos. Esa superficie es nuestra dimensión. No se debe esperar la revelación de un ultramundo, porque lo hondo es el café que hemos preparado, la manera de despedirnos al salir de casa”. P.47

Cabe en un bolsillo de nuestro abrigo y, a pesar de su ligereza, es un libro de peso. Quizá las piedras redondeadas que muestra su portada son una señal de la entidad sólida que nos espera en sus páginas.

Ismael Grasa nos habla de la hazaña secreta que cada uno de nosotros puede protagonizar día a día. Nos anima a ser cuidadosos en las formas porque están llenas de nosotros mismos, es decir, de lo mejor que podemos ofrecer a los otros. No lo hace solo, escritoras como Lynn Hunt,  Claude-Demonde Magny, Edith Warton, Simone Weil o Sol Acín, por citar algunas, y escritores como Aristóteles, Albert Camus, A.Machado, G.Orwell, Jorge Semprún, A.de Saint-Exupéry, M.de Montaigne o Félix Romeo, entre otros, le acompañan en sus reflexiones. Con semejante compañía, no sería raro que el lector quisiera sumarse a esta celebración de lo cotidiano que convierte nuestras rutinas en un hermoso ritual.

En este libro vamos a encontrarnos con algo que, desafortunadamente, ha dejado de ser habitual entre personas próximas, queridas. Casi nunca encontramos el momento de hacer una recomendación o dar un consejo. Puede ser por cierto sentido de la discreción, por no causar molestia, pero también puede ser por esa comodidad aderezada de indiferencia que resumimos en un “Allá cada cual”. Y cuando nos decidimos a hacerlo, tenemos que armarnos de un valor que cada vez nos cuesta más reunir. Sin embargo, si lo pensamos bien, ¿Por qué no aconsejar a otros de aquello que creemos que es bueno, que está bien, que nos sienta bien?

Transitamos un tiempo en el que los “youtubers” se convierten en “influencers” que dictan cómo vestir a la moda, cómo maquillarnos y peinarnos, qué cocinar, qué tipo de ejercicio nos conviene, incluso cómo llegar a ser tan felices como un millonario, envolviéndonos en su verborrea sin fundamento. Ahora bien, como dice el autor, “Uno no puede pretender saber de todo, pero debería poder dar razones de todo lo que hace” (p.51)

Ya en nuestra tradición cultural encontramos libros tan imprescindibles como valientes que se empeñaron en la tarea de ayudarnos a vivir más humanamente. Las meditaciones, de Marco Aurelio; Las cartas a Lucilio, de Séneca;  Los pensamientos, de Montaigne; son sólo una muestra. Se agradece la valentía de Ismael Grasa, su habilidad para acallar el ruido de las pantallas y alentarnos a retomar aquellos gestos que nos enseñaron hace tiempo quienes más nos querían y hemos ido olvidando. Nos recuerda que eran lo fundamental, la realidad profunda y nos persuade de que merece la pena recuperarlos para vivir en cada instante la eternidad del presente.

Una de las primeras citas que concierta Ismael grasa es con Sol Acín, “la poeta con jardín”. El final de uno de sus poemas será nuestra manera de concluir la presentación de esta pequeña joya que es La hazaña secreta:

No podremos saber por qué, de dónde,                                                                            pero en la vida nuestra,                                                                                                        en la vida, en la vida,                                                                                                            se nos dará ya todo.

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