UN HIJO, de Alejandro Palomas (LEER JUNTOS)

Reunión del grupo de Leer juntos. Foto: Milhojas

El lunes 21 de noviembre, día de fuerte viento del noroeste, nos reunimos el grupo de LEER JUNTOS con la peculiar mirada de Mary Poppins sobrevolando la biblioteca. Hemos leído y comentado UN HIJO, de Alejandro Palomas. La historia de Guille, ese niño que quiere ser Mary Poppins, nos ha conmovido y nos ha vuelto a convencer, como ya lo hiciera El grito de la grulla, de Samuel Alonso, de que existen libros imprescindibles que podemos leer alumnos/as, madres y profes juntos, y que la lectura compartida tiene el valor añadido de la complicidad.

Para que terminéis de decidiros a leer Un hijo, os dejamos la reseña de PAULA GIL, de 3º ESO. LEER JUNTOS volverá a reunirse el 25 febrero.

Siempre he escuchado que los padres son los que tienen que enseñar a sus hijos la manera de actuar y de enfrentarse a determinadas situaciones de la vida que a veces son difíciles. En esta novela sucede al revés.

Guille, el protagonista, es el que intenta evitar que su padre sufra. Me ha parecido conmovedor que un niño tan pequeño de apenas nueve años, tenga la capacidad de ver lo que le puede hacer daño a su padre y monte en su cabeza y en su vida un sistema para evitarlo. Ya sabe que ha perdido a su madre y cree que si su padre es conocedor de ello, lo perderá también. Su temor se repite con Nazia. Es su única amiga, de origen paquistaní, que pronto se verá obligada a casarse con un hombre muchísimo mayor que ella, que todavía es una niña, y sin ni siquiera conocerlo.

Aunque no es el tema principal de esta historia me ha llamado mucho la atención esta cuestión, con la que estoy en total desacuerdo, cómo arrebatan la vida de niñas casándolas como si fueran solo mercancía. Guille tenía dos ilusiones: una que su padre no sufriera, y para ello tendría que volver su madre, y la otra, evitar que Nazia se marchara.

“Supercalifragilisticoespialidoso”. Esa era la palabra mágica a la que se aferraba y que tendría que repetir una y otra vez en la función de Navidad del colegio. Se ve obligado a creer en la magia de Mary Poppins porque compartía esta pasión con su madre. Y es una creencia tan verdadera que hace saltar las alarmas y Sonia, su profesora, contacta con la orientadora para averiguar qué le pasa a Guille.

He llegado a sentir la tristeza del padre por la ausencia de su mujer y me ha dado miedo. No me gustaría tener que sentirla algún día. Pienso que al igual que los padres velan por sus hijos, ellos lo hacen por sus padres. Me he dado cuenta de que es difícil aceptar las cosas duras cuando te hacen daño, incluso para los mayores, pero con amor todo se puede superar.

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