INCENDIOS, de Wajdi Mouawad

Año 1978. Un niño llamado Wajdi presencia en el Líbano cómo ametrallan y prenden fuego a un autobús lleno de gente. Este autobús aparecerá luego recurrentemente en las obras escritas por Wajdi Mouawad, convertido ya en uno de los más importantes dramaturgos de estas últimas décadas. El autobús incendiado se convierte en el símbolo de la locura y la irracionalidad de la guerra.

Imagen de la representación de Incendios, por el Teatro de La Abadía. Foto tomada de moonmagazine.info

La señora Nawal Marwan, tras cinco años en completo silencio, muere sin cumplir sus promesas, por eso en su testamento les pide a sus hijos, Jeanne y Simon, que la entierren desnuda y boca abajo, sin ataúd, y que no pongan nombre a su lápida.  Y les hace un encargo: Jeanne deberá buscar a su padre.  Simon deberá buscar a su hermano.

Así comienza Incendios, “el mejor texto teatral de los últimos cuarenta años”, en palabras de Nuria Espert, la inolvidable protagonista de la adaptación hecha por el Teatro de La Abadía.  Incendios es una tragedia griega en estado puro revestida de un estremecedor lenguaje poético, el único que se puede utilizar para arrastrarnos al epicentro del terremoto, al corazón de la cebolla.

Porque Incendios es una gran cebolla, y cuando nos adentramos en su lectura vamos poco a poco desgajando sus capas.

INCENDIOS ES LAS MATEMÁTICAS.  Jeanne es matemática, experta en teoría de los grafos.  Ella, como todos nosotros, vive inmersa en un polígono, en uno de sus ángulos, desde donde puede ver a su madre, a su hermano.  Pero tendrá que comenzar un viaje al centro del polígono para descubrir la parte de su realidad que permanece oculta a sus ojos.  La teoría de los grafos se convierte en la gran alegoría y el gran interrogante: ¿Dónde nos encontramos nosotros?  ¿Cuál es la realidad que desde nuestro ángulo del polígono no podemos ver?  El gran descubrimiento de la obra viene acompañado de las matemáticas: qué tremendo, qué doloroso es el momento en el que Jeanne, y con ella el lector/espectador, descubre que 1+1 no siempre es igual a 2; que 1+1 puede ser irremediablemente 1.  Bienvenidos a las matemáticas puras, es decir, al país de la soledad (p.63).

INCENDIOS ES LA BÚSQUEDA, regreso a los orígenes, intuición del comienzo. Y nuestra vida depende de lo que decidamos que hay en el origen.  La vida no solo es vivida pasivamente, es interpretar, es optar y decidir.  ¿Y qué hay en el origen?  ¿El horror, la tortura, la violación y el odio?  ¿O el amor, la curiosidad y la palabra? Nawal decide que el comienzo fue el amor, y para salvaguardarlo necesitará guardar silencio.

Por eso INCENDIOS ES EL AMOR sin condiciones. Ocurra lo que ocurra, te amaré siempre (p.83) le promete Nawal a su hijo, y para cumplir su promesa debe callar.  Y ama también a Jeanne y Simon, aunque este amor le suponga un tremendo esfuerzo.  Y ama a Sawda, su amiga, su compañera de viaje.  Pudiendo odiar sin freno, Nawal opta por amar en la peor de las condiciones.

Pero INCENDIOS ES TAMBIÉN LA GUERRA, la más cruel –cualquier guerra es la más cruel-, la que enfrenta a hermanos y a vecinos. La guerra trae la tortura, la violación y el horror, de la mano de la venganza. La guerra, ese lobo rojo con las fauces llenas de sangre que devora la tierra  (p.97), que nos anega desde el lado oculto del polígono.

Y, afortunadamente, INCENDIOS ES PALABRA Y SILENCIOAprende a leer, a escribir, a contar, a pensar (p.83) le dice a Nawal su abuela Nazira. Y Nawal se lo promete.  Y esta promesa la llevará a testificar en un tribunal internacional contra el gran asesino, contra su violador y su torturador.  Porque la palabra es la única manera de salir de la ignorancia, del odio que se trasmite de generación a generación.  Entre la palabra y el silencio oscila la vida de Nawal.  Palabras para luchar y rebelarse, para acusar y para rendirse.  Y también silencio, porque hay verdades que no pueden ser contadas, tienen que ser descubiertas (p.199)

Y por fin INCENDIOS ES EL PERDÓN.  Llegamos a la última capa de la cebolla, a la voluntad férrea de reconciliación.  Ahora que estamos juntos, todo irá mejor es la última frase que pronuncia Nawal, es la frase que se repite como un mantra durante toda la obra.  Mirar de frente al horror al que hemos estado ciegos y, aún así, optar por el amor, por estar juntos, es el último deseo de Incendios, el que nos salva de la desesperanza, de la desazón, de los autobuses masacrados.  El que nos consuela ahora que hemos terminado el doloroso viaje al centro del polígono.

Wajdi Mouawad. Foto de lapresse.ca

La última imagen de la representación se nos queda grabada en la retina: todos los personajes sentados uno al lado del otro, protegiéndose de la lluvia:

Ahora que estamos juntos, todo irá mejor.

 

 

También puedes leer en MILHOJAS la reseña de ÁNIMA, la gran novela de Wajdi Mouawad.

Además, puedes escuchar una ENTREVISTA CON NURIA ESPERT con ocasión de la última representación de Incendios en el Teatro de La Abadía, dirigida por Mario Gas.  La entrevista se emitió en el programa No es un día cualquiera de RNE.

(La numeración de las citas corresponde a la edición de KRK Ediciones – A escena.)

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