UNA RELECTURA DE CIEN AÑOS DE SOLEDAD

Se ha escrito tanto sobre Cien años de soledad, que intentar escribir una invitación a la lectura de esta obra de García Márquez resulta algo ridículo. Sin embargo, MILHOJAS no se ha resistido a aproximarse a esta novela que se relee con la misma fruición de la primera vez. Ha sido en una de estas relecturas cuando se ha producido una revelación que lo cambia todo, o casi todo.  Que tenga portada y contraportada, personajes dando vida a la tinta que impregna las páginas, un comienzo, un desarrollo y un final, su autor, sus lectores, le otorga la apariencia de un libro, pero no es un libro.  Ni Macondo un lugar.

José Arcadio Buendía inicia un viaje penoso hacia algún destino en el que renacer sin mancha. Acompañado de Úrsula y de sus propios fantasmas, como el de Prudencio Aguilar, llegarán a Macondo . Cuando José Arcadio y Úrsula Iguarán detuvieron allí su marcha, dejando atrás el esqueleto del galeón español  medio hundido en la ciénaga y la realidad anodina de los lugares comunes, se transformaron en origen. Se convirtieron en extraños colonos que dieron lugar a una saga que nos sigue atrapando a través de sus siete generaciones, destilando la atracción irremediable entre “lo nuestro” y “lo extraño”. La llegada de los trabajadores de la explotación bananera, la de los militares, incluso la presencia de los indígenas que trabajan en la casa, así como otros personajes procedentes de tierras extranjeras son esa puerta por la que la familia Buendía  se abre al mundo exterior. Pero ninguna puerta tan extraordinaria como la que abría la llegada de Melquíades y la de los gitanos con su equipaje lleno de saber milenario y de ilusión ante lo inverosímil.

La muerte y la magia se entrelazan naturalmente con la vida de los miembros de la familia Buendía. Los hombres de la familia llevan alguno de estos nombres, José Arcadio o  Aureliano. Heredan pasiones irrefrenables que en unos viran hacia el interior y el ensimismamiento y en otros hacia el exterior donde esperan las causas más dispares, desde la revolución liberal hasta la parranda sin límite. Por su parte, las mujeres tienen la fuerza unida a la rareza hermosa de sus nombres, Úrsulas, Amarantas, Remedios. Ellas flirtean con la muerte desde sus dones y sus instintos, dando a la realidad de la casa una vida asombrosa.  Unos y otras, vencedores de un insomnio gracias a la palabra, serán impulsados en el transcurrir de los días por el amor, la libertad, la opresión moral, la represión política, entre los milagros de una naturaleza imprevisible que ofrece y retira sus dones a capricho.

Acompañamos a la familia Buendía Iguarán hasta su final sin dejar de estremecernos. Querríamos retrasarlo un poco más, y otro poco, porque sabemos lo largos que se nos harán los años hasta la próxima relectura. Pero sobre todo, porque  no estamos preparados para perturbar la intimidad metafísica del último miembro de la familia, descifrando su destino en los pergaminos de Melquíades. ” … y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.”

Y llegados a este punto, como hemos señalado al principio, nos deslumbra la revelación. ¡Qué torpeza no habernos dado cuenta antes de la advertencia de García Márquez! Lo obvio que pasa desapercibido ante nuestra compleja comprensión. El título lo decía todo.  Macondo no era espacio, era  tiempo. Cien años de soledad su fluir devastador, como nosotros mismos, los lectores. Nuestra lectura, la segunda oportunidad de las estirpes condenadas a cien años de soledad.

Una respuesta a “UNA RELECTURA DE CIEN AÑOS DE SOLEDAD

  1. Sin duda alguna la releeré durante estas vacaciones. Qué lastima que no pueda ser la primera vez; tampoco estará tan mal que sea la quinta o la sexta. Qué pena que nos dejará Gabo, aunque… siempre nos quedará Macondo.

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