MISS SMILEY. SIEMPRE, JACQUELINE DU PRÉ


Jacqueline du Pré forma parte de nuestro proyecto: la historia, sin ellas, no está completa.  Por mérito propio, se convirtió en una  chelista cuya genialidad se reconoce como imprescindible para entender la interpretación musical, el arte del chelo, incluso la música en sí misma.

Nació en Oxford en 1945, parece mentira que en medio de todo el sufrimiento y oscuridad que empapaba a la humanidad al final de la segunda guerra mundial, naciera una persona con tanta luz. Creció junto a sus hermanos en un ambiente familiar en el que la música era la lengua materna. Su hermana Hilary estudió flauta, pero todo resultaba accidental ante el talento de Jacqueline  al chelo. Para todos debió de ser difícil crecer al lado de un genio. Los que conocieron a Jacqueline du Pré dicen de ella que carecemos de marco de referencia para valorarla  como música, como chelista, incluso como persona. Que era un ser absolutamente extraordinario.

Su amigo y violinista P. Zukerman  declaró en el documental “Recordando a Jaqueline du Pré“, que ella no encajaba en ninguna categoría. La describe como el mejor ser humano que había conocido en su vida. No tenía pretensiones, era sencilla, cariñosa, despreocupada. Siempre sonriente, la llamaban Smiley. Cuando escuchamos sus grabaciones, su sonrisa se nos contagia porque nos hace partícipes de ese don natural innato que la eligió y que es tan difícil de explicar. Tocaba con el corazón, el estómago, el intelecto en sintonía natural, provocando la admiración de sus compañeros músicos que no cesaban de preguntarse, cómo lo había hecho. Cómo hacía para que fuera su ser el que creara el sonido, y no el chelo. Cuando Jacqueline tocaba, ya no había otra manera de interpretar la partitura, la admiración de compañeros músicos, de críticos y espectadores se unía en un asentimiento inevitable.

Parte de su don consistía en que daba y recibía al tocar,  de modo que su ser interpretando era la pieza necesaria para que cada elemento de un concierto tuviera el valor preciso, desde el gesto del director hasta el forte del violinista. Instintivamente, inoculaba genialidad en todo lo que la rodeaba. Quizá por ello, sus compañeros de orquesta la adoraban, en los descansos de los ensayos la rodeaban y ella tocaba y jugaba con su chelo, haciendo del divertimento un gesto profundo de amistad y respeto. El pianista y director de orquesta D. Barenboin, que fue su pareja durante los años en los Jackeline regaló luz sin mesura, decía que ella podía hacer de cada actuación musical una experiencia tan vívida que tenías la sensación de que estaba inventando la música en ese mismo momento.

Pero la técnica que había aprendido también era otro punto fuerte de sus interpretaciones. Los días inagotables de estudio dieron su fruto al lograr que con quince años se le otorgara  la medalla de oro de la Guildhall School y que, tras recibir clases de Pau Casals en un máster impartido en Suiza, ofreciera  su primer concierto en público en el Wigmore de Londres a los 16 años. En 1965, su magistral interpretación junto a la Orquesta Sinfónica de Londres del concierto para violonchelo de Elgar, bajo la dirección de John Barbirolli , con su precioso vestido rojo, supuso la consagración de una carrera, o mejor, de una entrega, una devoción. Llegó a tener un dominio tan completo del instrumento, que podía ejecutar movimientos que otras personas no conseguían ni con horas y horas de ensayos. Podía transmitir en una nota lo que otro músico transmitía en un concierto completo.

Jacqueline era don natural, técnica excelente  y devoción alegre por todo lo que hacía. El público no recibió de ella un mero producto musical, resultado de una ejecución talentosa, sino la verdad de la música que ella sentía y oía. El pianista Vladimir Ashkenazy admiraba su increíble comprensión intuitiva de la música que tocaba, que junto al insuperable control profesional del chelo y  su pasión, hacían de Jacqueline la pura alegría de vivir hecha música. También el barítono D. Fisher. Dieskau, cuando la escuchó por primera vez, se quedó sin palabras, casi sin poder aplaudir, porque interpretaba con una autenticidad inconfundible. Su devoción por la música era pura devoción por la v ida, la misma que le hacía disfrutar de la lluvia sobre su pelo como un auténtico milagro vital. Para ella todo era grandioso, la lluvia, el sol. Siempre quería ir al campo, estar al aire libre. Quería en abundancia todo lo que la vida pudiera ofrecerle. “Ves, siempre te dije que eras un caballo salvaje” Le decía el director Zubin Mehta, cuando grabaron el magnífico quinteto de la trucha de Schubert. Porque la vida era música, era ella misma, su ser verdadero, música como verdad.

Pero la vida reservaba una sorpresa terrible para la criatura exuberante que detenía el mundo cuando hacía sonar su chelo. En el ensayo de los  conciertos de con la filarmónica de NY, salió de su habitación del hotel y le dijo a D. Barenboin: “No puedo tocar en el concierto de esta noche. Tendrás que cancelarlo. No siento. No siento nada, en los dedos, en las manos” Fue aterrador. Su cuerpo dejó de ser su chelo, de ser música, su cuerpo dejó de ser Jackie. A pesar de que la fecha oficial nos dice que dejó de respirar en 1987, cuando tenía 42 años, después de luchar contra la esclerosis múltiple, Jacqueline du Pré debió de morir aquella mañana, a los 26 años de edad.

Nunca se quejó, continuó sonriendo mientras los músculos faciales le obedecieron, a pesar del miedo a lo desconocido. Cuando escuchamos su chelo, entendemos por qué decían que no podías evitar quererla y que tenía el poder de hacerte mejor de lo que realmente eras. Y comprendemos que no era perfecta pero era única, lo que hace más sólida nuestra nostalgia.

Aquellos que tuvieron la suerte de escucharla tocar en directo, dicen que vivieron una experiencia indescriptible. Si quieres ver y escuchar a Jacqueline du Pré te dejamos tres documentos audiovisuales excepcionales. El primero, 32 minutos de su interpretación del concierto para chelo y orquesta de Elgar. El segundo, el documental  Who was Jacqueline du Pré (subtitulado en español)  El tercero, A medio metro de ti, relato de Martín Llade para el programa de radio clásica “Sinfonía de la mañana” No hemos encontrado manera mejor de desearos un feliz fin de semana.



http://www.rtve.es/alacarta/audios/sinfonia-de-la-manana/sinfonia-manana-medio-metro-jacqueline-du-pre-15-11-16/3801779/

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Una respuesta a “MISS SMILEY. SIEMPRE, JACQUELINE DU PRÉ

  1. Preciosos comentarios.

    Gracias por irnos descubriendo libros, y gente interesante, con la que ir alimentando el conocimiento y el disfrute

    Un saludo

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