LA BIBLIOTECA SE LLENA CON RAÚL VACAS

raul-vacas-camaraEl pasado jueves llegó Raúl Vacas. Con esa maleta viajera que ha recorrido tanto mundo, no sólo institutos de toda la geografía de nuestro país,  sino miles de corazones adolescentes de cuerpos adolescentes y de cuerpos adultos. Raúl nos habla de poesía con la naturalidad del brillo de la luna que aquel jueves por la noche, en sintonía con los corazones del IES Félix de Azara, se encaprichó en no llenarse del todo. Para que Raúl, al verla desde la ventanilla del tren a Teruel, leyera: no tardes mucho en volver.

Se presenta a sí mismo a través de palabras. No le hace falta muchas ni muy rimbombantes para mostrarnos quién es. Este poeta hace de la infancia un patio de recreo que nunca abandona definitivamente. Y con palabras, nos invita a que contemos quiénes somos, pues no siempre una imagen lo consigue. Nos persuade de que tenemos una tarea hermosa, cuidar las palabras, no dejar que se deterioren. Tarea no exenta de peligros en este mundo vivido con tanta prisa y superficialidad.

Es capaz de mostrarnos las posibilidades que nos ofrece el lenguaje combinando las frases de dos cartas que podríamos recibir en nuestro buzón. Una escrita con palabras cálidas de nostalgia y otra con las insípidas palabras de una factura. Nostalgia y facturas forman parte de nuestra vida y Raúl Vacas, como si fuera un Tahúr de frases, las combina para crear un lenguaje nuevo, sorprendente.

Nos descubre que hay palabras que son como galaxias, que a su vez contienen otras galaxias. Y el poeta se transforma en una especie de astronauta que nos conduce por este universo de palabras que contienen otras palabras que, a su vez, contienen otras palabras, como las esferas del universo aristotélico. Por si no lo creéis, fijaros en la palabra “independiente”.

raul-vacas-megaonoAbre la maleta una y otra vez. Un megáfono, un espejo retrovisor, una mariposa-libro. Con una máquina fotográfica de muelle de los años cincuenta, aviva nuestros sentidos para congelar nuestra prisa y ser capaces de detenernos en los instantes. La poesía es una maestra magnífica que nos ayudará a que algunos instantes no pasen desapercibidos. Y la ingravidez de un haiku, llena este instante en nuestra biblioteca.

La Poesía nos cura de muchas cosas. Raúl ahora es un médico que prescribe poesía, para regalar a un amigo que lo está pasando mal, para superar un fracaso, para sobrevivir a la ausencia. Paradójicamente, coloca las tres heridas de Miguel Hernández en los corazones adolescentes, sin hacer daño, y les presenta nuevos compañeros de juegos como, Vicente Huidobro, Martín Garzo, Gloria Fuertes, Jose Luis Sampedro, entre otros.

Tan bien acompañados, da menos miedo leer poesía, escribir poesía. Quizá por eso, cuando Raúl termina, un alumno de 2º de ESO, se levanta como un cohete de su asiento y se dirige hacia él para decirle: “Raúl, eres un fiera”. Los gestos preocupados de su profesora, se relajan formado una sonrisa en su rostro de adulta, al escuchar la frase del chaval.

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