SIETE CASAS VACÍAS. Samanta Schweblin. Ed. Páginas de Espuma.

siete-casas-vaciasUna casa vacía nos lleva a pensar en la vida que un día habitó en ella,  esa que en forma de huellas quedó  impresa en sus manillas. Sí, una casa vacía es una huella dibujada por la materia al desaparecer y  Siete casas vacías es el título que la autora argentina Samanta Schweblin ha dado a este libro de relatos. Siete narraciones con las que los lectores tendremos ocasión de visitar siete intimidades. Nos sentiremos extraños, curiosos, a la vez que sorprendidos  en medio de costumbres y manías de otros. Tanto, que probablemente leerás este libro de un tirón.

El libro comienza con “Nada de todo esto”. Una hija acompaña a su madre en un itinerario de intrusismo nada común. Se dedican a entrar en casas ajenas en las que la madre busca desquiciadamente cosas, objetos cotidianos,   aunque en realidad, esta madre está buscando algo diferente que, quizá,  haya encontrado en la última casa.

Continuamos leyendo “Mis padres y mis hijos”, tres generaciones continuas – discontinuas que harán saltar prejuicios y estereotipos que adherimos a la edad.

“Siempre en esta casa” es el tercer relato. Frecuentemente el señor Wermer llama a la puerta de su vecina para recoger la ropa de su hijo muerto, ropa que su mujer, la señora Wermer,  arroja al jardín vecino. Sin embargo, vamos comprendiendo que algo inquietante sucede en esta especie de ritual entre vecinos. ¿Quién se deshace realmente de la ropa? ¿Quién ha perdido un hijo?

El centro del libro lo ocupa un relato excepcional, “La respiración cavernaria”. Es impresionante cómo  la autora narra el trágico distanciamiento entre la mente y la realidad que experimenta la protagonista. Cómo paulatinamente va convirtiéndose en un extrañamiento imparable, poderoso, que lleva a la ruptura con el mundo al que también pertenece su yo.  Samanta Schweblin consigue sobrecogernos con una historia que viven día a día millones de personas.

En “Cuarenta centímetros cuadrados” nos asomamos a lo que puede pasar por la cabeza de quienes no regresan a casa y hacen de la calle su sitio, un hogar de cuarenta centímetros cuadrados.

Las cosas no son lo que parecen en  “Un hombre sin suerte”, los lectores seremos testigos de cómo los hechos pueden acusar y culpabilizar de forma inapelable a un hombre inocente.

En último lugar “Salir”. Del mismo modo que la protagonista intenta infructuosamente salir de una relación abandonando su casa, nosotros intentaremos salir sin éxito de este libro. Demasiado tarde.  Los personajes nos han conducido a rincones remotos de la mente humana, esquinas todavía carentes de luz, me temo que su misterio nos acompañará por mucho tiempo.

 

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