PATRIA, de Fernando Aramburu

patria-de-fernando-aramburuPatria abarca la historia reciente del País Vasco, esa patria desnortada que ha presidido telediarios y titulares desde que muchos tenemos recuerdos, e incluso antes.

Pero no es una reflexión hecha con grandes palabras y con conceptos grandilocuentes, sino la construcción de una “patria” a partir de la vida cotidiana, de lo pequeño: esos pocos metros entre el portal y el garaje, la lluvia constante, las miradas de reojo, los retratos y la hucha en la Arrano taberna, la bici los domingos por la mañana, la huerta, la diana encima de un nombre, el pescado para cenar, los continuos viajes en autobús…

Dos mujeres, Mirem y Bittori, son amigas desde pequeñas y lo siguen siendo hasta que el hijo de la una entra en ETA y el marido de la otra es asesinado por un terrorista también de ETA. La novela, que comienza el 20 octubre de 2011, cuando tres encapuchados de la banda terrorista anuncian el cese de la lucha armada, va tocando a una y a otra, a sus hijos, a sus maridos, a sus vecinos, a sus tenderos, en un tecleo aparentemente desordenado de ir y venir en el tiempo a lo largo de más de treinta años, para construir como si de un mosaico o un puzle se tratara, un flujo incesante de horas, miradas, miedos, desamparo, desencuentros y conflictos.

Hace falta ser muy buen escritor para conseguir que sobre ese vaivén de episodios -articulados en 125 capítulos breves- que aletean sobre tiempos, personajes y  voces narrativas entremezcladas, se vaya tejiendo una corriente narrativa poderosa, contundente, sin que el lector se pierda en ningún momento, a través de unos personajes llenos de matices, potentes, que cambian y evolucionan y, con ellos, se va transformando nuestra mirada.  Imprescindible Nerea, la hija de Bittori, que va ganando a lo largo del libro, optimista, superviviente, decidida a ser feliz a pesar de sus heridas; o Arantxa, hija de Miren, rebelde, capaz de pensar, de reivindicar  y opinar a pesar de la cárcel física en la que se ha convertido su cuerpo después de un ictus.

A los que tenemos cierta edad no nos sorprenderá lo relatado en Patria y, sin embargo, nos revuelve en el estómago y en la memoria una época en la que los atentados de ETA eran nuestro día a día.  A veces, como en los llamados años de plomo, con una dureza y una crueldad extraordinarias. Pero no nos engañemos: muchos de nosotros, fuera del País Vasco, lo veíamos todo -en cierto modo- desde la barrera.

Es verdad que hubo atentados terribles en nuestra ciudad: el atentado a la casa cuartel,  con once muertos, cinco de ellas niñas.  Apenas un año antes, el 30 de enero de 1987, un coche bomba explotaba al paso de un autobús de la Academia General Militar y costó la vida a dos personas.  En el edificio donde yo vivía con mi familia teníamos como vecino a un militar que trabajaba en la AGM.  Poco después de oír la bomba los vecinos acudieron a su casa a preocuparse por él, a preguntar, a apoyar.  A estar. Claro. ¿Claro?

Atentados terribles. Y la condena era unánime, el apoyo a las víctimas también, y podíamos gritar nuestro rechazo con poco miedo a que nuestro nombre –el tuyo, el mío, el de nuestros padres, el de nuestros profesores, el de nuestros amigos- fuera el siguiente que apareciera en una diana. No ocurría así en el País Vasco, y eso es lo que a lo mejor a nuestros alumnos -que puede que apenas recuerden los últimos atentados- les pueda sorprender:  Aramburu les revela a algunos y nos recuerda a otros la terrible situación de desamparo y soledad en que vivieron las víctimas.

Un escritor, trasunto quizá del mismo Aramburu, nos dice en la última parte de la novela que este es un libro escrito “sin odio contra el lenguaje del odio y contra la desmemoria y el olvido tramado por quienes tratan de inventarse una historia al servicio de su proyecto y sus convicciones totalitarias (…) Pero también escribí, desde el estímulo por ofrecer algo positivo a mis semejantes, a favor de la literatura y el arte, por tanto a favor de lo bueno y noble que alberga el ser humano. Y a favor de la dignidad de las víctimas de ETA en su individual humanidad, no como meros números de una estadística donde se pierden el nombre de cada una de ellas, sus rostros concretos y sus señas intransferibles de identidad” (p.552).

Contra la desmemoria y el olvido.

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Una respuesta a “PATRIA, de Fernando Aramburu

  1. Lo añado a la lista de pendientes de leer. Muchas gracias por las sugerencias y opiniones que dáis en el Blog.

    Un saludo

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