UN MONSTRUO VIENE A VERME, de Patrick Ness

un-monstruo-viene-a-vermeUN MONSTRUO VIENE A VERME, de Patrick Ness (a partir de una idea original de Siobhan Dowd); ilustrado por Jim Kay.  (Reseña escrita por Ismael Grilli, de 1º de Bachillerato.)

 

Un monstruo viene a verme, un gran libro que trata un tema tan delicado como la muerte de una forma fantástica y que aún así la respeta. Con decir que la respeta me refiero a que en ningún momento la trata como algo bueno ni hace perder esa pequeña sensación de ansiedad que causa.Yo, como seguramente muchas personas, he vivido lo que enfermedades como el cáncer hacen a una persona, cómo se consume, cómo muere poco a poco.

Me gusta cómo el libro aborda de forma tan fantástica las sensaciones que pasan por Connor, furia, tristeza, miedo, cómo las desencadena y cómo se desarrollan. Cómo esas historias desencadenan lo que finalmente sabes que va a pasar, la muerte de la madre de Connor. Esa soledad, esa repulsión hacia los demás y, a la vez, esa necesidad de que le presten atención.

El gran tejo hace su aparición para contar a Connor sus tres historias, las cuales me llamaron mucho la atención. Estas historias desencadenan varias acciones en Connor, haciendo que las emociones que ha estado reteniendo salgan al exterior en forma de rabia, golpes y cosas rotas.

Pero la historia más cierta es en realidad la última, la cuarta, la de Connor. La sensación de impotencia ante el sufrimiento de alguien es absolutamente abrumadora, te llena, te consume a ti y a todos. Una vez llegados a este punto sin retorno, sólo pides que se acabe, por el enfermo, por el resto, por todos. Duele soltar la mano, esa mano tan fina y débil que se retuerce, que arde y casi te incita a dejarla ir; aún así te aferras a ella, esperanzado y, en algún momento, tarde o temprano, te das cuenta de que la has soltado, de que has decidido que no quieres que él sufra y tampoco quieres sufrir tú. Ese momento en el que ves cómo su mano cae suavemente sobre la cama y su pecho deja la débil agitación que antes era su respiración; en ese momento, todo ha acabado, ya está. Él descansa y tú descansas. Entonces llora, entonces grita de tristeza o rabia, pero ya está. Todo ha acabado y no es más que un triste recuerdo. A partir de ese momento eres tú quien decide si recuerda sólo esos tristes momentos de sufrimiento o los alegres que ocurrieron antes de estos.

Me enamoré del monstruo, de Connor, de Lily, de la ira, del miedo a no ser visto.De cómo el libro reflejaba lo que yo y cientos de miles de personas hemos vivido. Me enamoré de las lágrimas que me causó. Y por último, de LA FRASE: “Ojalá tuviera cien años, cien años para darte“; como última y rompedora frase pronunciada por los personajes del libro, que te hace ver que Connor  ya ha soltado la mano.

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