KINSHU. TAPIZ DE OTOÑO, de Teru Miyamoto, Ed Alfabia

horisada

Todos los días, mientras estoy andando, curiosamente paladeo cómo mi decisión de girar hacia la derecha o hacia la izquierda se convierte en la esencia de la vida” p. 214

Teru Miyamoto es uno de los narradores más reconocidos en Japón. Si bien su estilo no es fácil de clasificar, queda plasmado en esta novela que leemos con la cadencia de las hojas al caer de los árboles. No es una novela trepidante, no nos sumerge en una vorágine de experiencias ni de intrigas que nos mantengan en vilo. Sin embargo, su inicio podría ser el comienzo de una novela policíaca. Aki es una joven casada a quien se le comunica que su marido, Yasuaki,  ha aparecido en un hotel de Kioto, gravísimamente herido de arma blanca, al lado de una bellísima mujer que se ha suicidado. El lector podría esperar una enrevesada y trágica historia en las siguientes páginas del libro, pero el autor prefirió dar un giro más intimista a la historia y ,de este modo, hablar de esos sentimientos profundos que tan difícilmente afloran para ser comprendidos, comunicados, compartidos.

Aki, sin haber entendido lo más mínimo de lo que pudo pasar realmente aquel día trágico en la habitación del hotel, ni del pasado de Yasuaki, decide divorciarse. Sin hablar nunca de ello, los dos protagonistas iniciaron por separado una huida hacia adelante. Él fracasará en sus negocios, intentará rehacer su vida de pareja con una mujer que compensa su falta de atractivo con su valentía y fortaleza. Ella dará sentido a su vida desviviéndose por un hijo discapacitado, rescatándose de un matrimonio desdichado, haciendo de la música de Mozart la armonía del devenir de su universo.

No contamos casi nunca con él, porque casi nunca aparece cuando lo necesitamos, pero el caso es que siempre está ahí, imprevisible, el azar. Ni Aki ni Yasuaki lo tuvieron en cuenta cuando diez años más tarde, un día, cruzó sus dos huidas en uno de los parajes más imponentes de Japón, el monte Zaô. Un brevísimo encuentro, casi sin palabras, sin miradas, zarandeó la vida de ambos. No pudieron evitar iniciar una relación epistolar en la que  regalarse momentos desconocidos para el otro. Cada carta desvelará los sentimientos que a duras penas pudieron mantener en su interior más oscuro y solitario. Fuera del libro pero dentro de la lectura, el lector va experimentando la extraña y turbadora sensación de estar leyendo un correo privado, de estar traspasando los límites de una intimidad tan ajena y, por otra parte, tan cercana.

La historia termina en otoño, como comenzó. Las hojas rojas de los arces empiezan a cubrir el suelo de Japón. Aki y Yasuaki han saldado su deuda personal, mientras cada latido de nuestro corazón se acompasa con la música de Mozart y pone banda sonora al caer de las hojas.

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