LIBRE SIGNO DE NORMAS OPRIMIDAS

lorcaDesde Víznar a Alfacar discurre una pequeña carretera que hace 80 años era llamada “la carretera de la muerte”. Por ella llevaban durante la guerra civil a los que iban a ser fusilados y luego sepultados en las fosas comunes de la zona. Federico García Lorca fue uno de los primeros, junto con el maestro Dióscoro Galindo y dos cenetistas. Después siguieron más de dos mil personas que permanecen ahí, sumidas en los pozos, fosas y barrancos de esa zona.

Dicen que fue en una noche atípica de agosto, sin luna y sin calor, en las primeras horas del 17 de agosto, o quizá fuera del 18; dicen que iba en pijama y que le dispararon por la espalda; dicen que se resistía a morir y que después de los primeros disparos gritó que todavía estaba vivo; dicen que hubo que rematarlo un par de veces… Dicen muchas cosas que nunca sabremos si son verdad o no.

Ayer se cerró la excavación que durante unas semanas ha buscado a Lorca en el Peñón del Colorado, al lado de esa terrible “carretera de la muerte”. Por tercera vez se ha intentado encontrar lo que quede de su cuerpo y por tercera vez se ha fallado. Sin embargo, este nuevo intento fallido tiene todo el inmenso valor de lo humano. Porque este nuevo intento, como tantos otros de encontrar a alguno de los más de 114.000 desaparecidos de la guerra civil, nos hace sin duda más dignos y más humanos. Quizá cuando seamos capaces de rescatar el nombre y los huesos de todos nuestros desaparecidos, quizá, entonces, el último sea Lorca.  Hasta entonces, afortunadamente, nos quedan sus palabras, tan oscuras como luminosas.

soneto_manuscrito_lorca

Yo sé que mi perfil será tranquilo 
 en el norte de un cielo sin reflejo: 
 mercurio de vigilia, casto espejo 
 donde se quiebre el pulso de mi estilo. 

Que si la yedra y el frescor del hilo 
 fue la norma del cuerpo que yo dejo, 
 mi perfil en la arena será un viejo 
 silencio sin rubor de cocodrilo. 

Y aunque nunca tendrá sabor de llama 
 mi lengua de palomas ateridas 
 sino desierto gusto de retama, 

libre signo de normas oprimidas 
 seré, en el cuello de la yerta rama 
 y en el sinfín de dalias doloridas.
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