UN MUNDO APARTE, de Gustaw Herling-Grudzinski

gustaw herling grudzinski

Todos estamos muy familiarizados con los horrores de los campos de concentración nazis.  A través de películas y novelas, poco a poco, ese acontecimiento terrible de nuestra historia ha ido calando hasta configurar en nuestra mente una serie de imágenes, de palabras, de conceptos que relacionamos con el horror nazi.

Pero mucho menos arraigado en el imaginario colectivo tenemos el horror soviético: los durísimos campos de trabajo de los GULAG*, donde más de 20 millones de personas estuvieron presas y donde se moría de hambre, frío, enfermedad y  extenuación, aunque nunca se podrá precisar con exactitud cuántos fueron los muertos, porque, a diferencia de los nazis, no llevaban una cuenta rigurosa de su exterminio.

Gustaw Herling-Grudzinski  escribió la extraordinaria novela Un mundo aparte entre julio de 1949 y julio de 1950, siete años después de ser puesto en libertad tras dos años en el campo de trabajo de Yetsevo, en el Gulag soviético. El motivo oficial por el que Gustaw Herling terminó en un campo de concentración ruso es irrelevante. Como todo el mundo sabe, y al igual que ocurría con los campos de concentración nazis, no era necesario haber hecho nada grave (es más, no era necesario haber hecho nada) para ser encerrado en un campo soviético.

Aparte de las condiciones de vida extrema, del frío, del hambre, del hacinamiento, de la insalubridad, esta es una de las cuestiones que sobrecogen de su relato: la arbitrariedad. Cualquier motivo, verdadero o falso, importante o irrisorio, podía arrastrarte a una situación semejante. La arbitrariedad al decidir, por ejemplo, que a un preso se le duplicaba la condena justo cuando faltaban pocos días para su liberación.

En un momento dado, antes de emprender la descripción de un hecho atroz -uno más-, el autor expresa sus dudas sobre si “la literatura puede caer tan bajo y salir impune, sin sufrir merma alguna” (p.315). Pero en manos de Gustaw se obra el pequeño milagro: sí, la literatura sale impune, a pesar del sobrecogedor tono distante –o quizás gracias a él- con el que nos cuenta experiencias que actúan en nosotros como un puñetazo: una violación en grupo, automutilaciones para conseguir ser llevado al hospital, suicidios, fusilamientos, delaciones, los efectos de la pelagra o el escorbuto, las celdas de castigo…

Sin embargo, este libro es mucho más que una novela autobiográfica donde se cuentan hechos terribles. Es también una desgarradora reflexión sobre la esencia del ser humano. Sobre su deshumanización gracias al hambre, al trabajo extenuante, al frío y al dolor.  Sobre dónde se encuentran los límites de la dignidad y dónde los de la humillación.  Sobre qué es aquello que nos hace personas y que nos hace libres.

La literatura sale impune, sí, y nos demuestra también hasta qué punto las palabras pueden ser usadas de forma precisa, contenida, desafecta –a veces-, pero también, en otras, de forma apasionada, piadosa, sobrecogedora, delicada, poética. Extenuante literatura.

De la multitud de personajes que conforman este libro, me quiero quedar con uno: con Natalia Lnovovna, presa feúcha y débil, que debido a una enfermedad cardíaca estaba destinada en la oficina de contabilidad. Es ella la que le pasa a escondidas a Gustaw los Apuntes de la casa muerta, de Dostoyevsky, donde el gran autor realista ruso cuenta su experiencia inhumana en un campo de trabajo cuando contaba con 25 años.

Como para Natalia, este libro supone una auténtica revelación para Gustaw: la certeza de que durante generaciones y sin interrupción, los seres humanos han sido sometidos a los mismos sufrimientos inhumanos, en una especie de cadena anónima de sufrimiento y dolor. Descubre también la conciencia de la propia existencia (tan diluida en los campos de trabajo), y de que tanto ésta como su sufrimiento es siniestramente idéntico al de generaciones anteriores.

Todavía hay lugar para la esperanza cuando la vida se convierte en algo tan desesperanzado que de repente resulta ser una propiedad exclusivamente nuestra” (p.223), dice Natalia, que poco más tarde intentará suicidarse cortándose las venas con una navaja oxidada.

Exclusivamente nuestra.

Un mundo aparte OR.inddUn mundo aparte está editado en Libros del Asteroide, en texto traducido directamente del polaco por Agata Orzeszek y F.J. Villaverde. Según se lee en la contraportada, hasta 1983 no fue traducido al francés.  Hasta 1990 no pudo publicarse en Rusia y en Polonia, donde ha encabezado el índice de libros prohibidos por el régimen comunista.  El prólogo es de Jorge Semprún.

*(GULAG son las iniciales en ruso de Dirección General de Campos de Trabajo)

 

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Una respuesta a “UN MUNDO APARTE, de Gustaw Herling-Grudzinski

  1. Como siempre, un libro y autor desconocido e intersante.

    Una pena no tener más tiempo para disfrutar de aficiones, como la lectura.

    Me lo apunto y en un momento u otro caerá.

    Muchas gracias por vuestra labor de divulgación.

    Salu2 😉

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