EL ÚLTIMO CORTEJO, de Laurent Gaudé

El último cortejo

El personaje de Alejandro Magno no ha dejado de suscitar interés y admiración, por ello, son muchos los escritores que se han aproximado a él. Unos, intentando ser lo más fieles posible a lo que de Alejandro conocemos por la historia. Otros, recreando lo que pudieron ser sus sueños, sus sentimientos o su comprensión del mundo y del ser humano. Laurent Gaudé hace de El último cortejo una historia  posible, tan bien narrada, que el lector querrá creerla.

Varias voces nos cuentan lo que sucede dentro y fuera de Alejandro, desde el último banquete ofrecido en Babilonia a sus cortesanos. Una danza enfebrecida nos presenta al emperador en su última batalla por la vida. Comprendiendo que la derrota será ineludible, no cederá. Una vida que nunca se rindió, que siempre luchó por llegar hasta el final, hasta las últimas consecuencias de sus decisiones, no se abandonará sin más a la muerte. Las voces narradoras pertenecen a este mundo y al mundo de los muertos, dan al relato esa mezcla entre misterio y realidad que debieron sentir los oídos de quienes escucharon los mitos de la tradición. Avisan de que Alejandro ya está entre ambos mundos, y nosotros los lectores con él.

Una vida corta, intensa, valiente y lúcida, finalmente será abrasada por la fiebre, ante la incredulidad inicial de un imperio que no se resigna a un adiós tan temprano. El imperio no tardará en convulsionar, como si la fiebre que terminara con Alejandro se hubiera convertido en la fiebre de quienes quieren hacerse con la sucesión, la fiebre del poder. Mientras comienza el tenso reparto, todos quieren despedir a Alejandro, un gran cortejo acompañará sus restos a Tiro para trasladarlos desde allí a Macedonia, el lugar de su infancia que vio nacer sus inquietudes y sueños. Pero la voz de Alejandro se suma a las voces que narran para convencer a Dripetis, hija de Darío y esposa de Hefestión, que quiere ser despedido al estilo de la tierra que conquistó, para descansar en las tierras que soñó conquistar. Y es que la vida enseña que el ser humano pertenece al lugar en el que lucha por sus ideales. Una estratagema urdida por sus amigos más fieles engañará al gran cortejo fúnebre. Sus restos serán lanzados desde una de las persas “torres del silencio” y parte de sus cenizas serán llevadas al galope por sus amigos, los jinetes de Ghandara hasta el fin del mundo, la India que llegó a contemplar y que no pudo dominar.

El mito de la soledad del héroe se resquebraja en las páginas de Laurent Gaudé. El galope de los jinetes de Ghandara con las cenizas de su amigo hacia los confines del mundo, despojándose de armas y armaduras, envueltos en la voz de Alejandro, recuperan las sensaciones de las tierras lejanas que han dejado ser horizonte. Levanta el polvo de los sueños que desafiaron a la muerte impulsando grandes hazañas… Y levanta el espíritu del lector que, entregado, asiente y grita que también él estuvo allí.

Tras un libro nos llega otro pero tras El último cortejo, resuenan sin cesar en nuestros oídos las últimas palabras: “¿A quién, perteneces? A mis compañeros lanzados al galope por la llanura y a la eternidad que se abre ante mí.”

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