NOSTALGIA, de Mircea Cartarescu. Ed Impedimenta.

2_-Nostalgia-Mircea-CartarescuEsta entrada pretende ser un homenaje a la cultura rumana, esa gran cultura que desde el 1 de diciembre conocemos un poquito mejor en nuestro instituto.

Mircea Cartarescu es un joven escritor rumano que ha provocado fascinación en quienes hemos leído Nostalgia, el libro impecablemente editado por Impedimenta. El volumen está constituido por varias narraciones, que arrastran al lector en un torbellino de sensaciones oscuras, subterráneas, apabullantes, del color de las pesadillas.

La primera, “El ruletista”, es la prueba de que la literatura de Cartarescu echa un pulso a los grandes como Dostoievski, Kafka o Borges.  Un testigo narra el ascenso social y económico de un mediocre  que se dedica a alimentar la bajeza moral y la sed de riesgo de los poderosos, jugándose la vida con la ruleta rusa en los peores tugurios. La baza del ruletista no es su valentía ante la muerte sino la falta de valor para vivir.

Le sigue “El mendébil”, una narración sobre la fascinación que ejercen unos niños sobre otros. El poder de sugestión del protagonista es la novedad en un barrio obrero de Bucarest. La fuerza que logra con sus palabras es pura fantasía, puro poder fabulador que atraerá a los niños alejándoles de los juegos sádicos que llenaban su tedio. Envueltos en las ficciones del nuevo vecino, la crueldad que les movía quedará hibernada hasta el día en que el mendébil se aleje de ellos, de la infancia, para adentrarse en el mundo de los adultos.

Probablemente a estas alturas de la lectura necesites descansar un poco, pero si no es así, hazlo lector, reposa la mente porque las historias que leerás a continuación son intensas y estimulantes hasta el delirio. Cartarescu empieza “Los gemelos” con la magnífica descripción de un joven travestido que intenta ser la imagen de un ideal femenino, encarnado por una amada que no le corresponde. El testimonio de este muchacho es la confesión ante los doctores de un psiquiátrico, ante los lectores también, de la fuerza incontrolable que le empuja a convertirse en quien desea. El rechazo, la reprobación social, la represión, la culpa, alimentan esta obsesión que dejará de esclavizarle cuando libere el deseo.

Y llegamos a “REM”, una narración frenética en la que los sueños adquieren presencia real. La prosa es ahora más vertiginosa si cabe, pero  empapada de lirismo. Sorprendentemente, el narrador nos invita a leer el primer relato, “El ruletista”, para no mirar mientras se produce el encuentro erótico de dos amantes en una tarde fría de invierno. Tras éste, conversan y ella, catorce años mayor que él, recuerda el beso con el que su boca estrenó el amor. A partir de este momento, nos emborrachan sus recuerdos de infancia y adolescencia, febriles, angustiosos, en una Bucarest que combina tiempo y espacio como en un caleidoscopio tejido por arañas.

“El arquitecto” es el último relato de Nostalgia, su epílogo. Una nueva prueba de cómo el autor puede llevar la obsesión de su personaje central, esta vez  por el sonido del claxon de su coche, hasta un universo estético insospechado. El final de esta narración, es el final de un libro que cerrarás desconcertado, agitado, intentando adaptar de nuevo tu mente al orden  previsible de la realidad que te rodea. Ese que abandonaste con las primeras líneas que ya presagiaban las últimas: “Una joven galaxia giraba ahora, latiendo y palpitando, en el lugar de la antigua.”.

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