LA PIEL FRÍA de Albert Sánchez Piñol

ACARICIANDO LA PIEL DEL OTRO.La piel fria

Nunca estamos infinitamente lejos de aquellos a quienes odiamos. Por la misma razón, pues, podríamos creer que nunca estaremos absolutamente cerca de aquellos a quienes amamos. Cuando me embarqué ya conocía este principio atroz. Pero hay verdades que merecen nuestra atención, y  hay otras con las que no conviene mantener diálogos.

Para los que tratamos a los libros como si fueran personas, suele ser una necesidad escribir una breve presentación antes de empezar a disfrutar de su lectura y todo lo que ella conlleva. Manía probablemente inapropiada porque, como las personas, los libros hablan por sí solos. La intención no es otra que invitaros a disfrutar de uno de los relatos más inquietantes que se ha publicado en nuestro país en los últimos años.

Si os dijéramos que se trata de un libro de aventuras, de un viaje de ida sin retorno de un rebelde sin patria, del enfrentamiento con seres monstruosos que inesperadamente surgen del océano, de la supervivencia en una diminuta isla que ha sido relegada al olvido, no faltaríamos a la verdad pero nos quedaríamos en la superficie de un libro que tiene piel.

Nuestro protagonista no imagina que lo peor de su destino en la isla no es la soledad sino el miedo incontrolable, semilla de una nefasta relación con lo desconocido, los citauca. El instinto sustituirá a la reflexión y sólo cuando retroceda a favor de ésta la historia dará un giro de 180 grados. Los primeros encuentros violentos entre los humanos y los monstruos del mar son relatados como escenas dantescas en las que la violencia es la expresión misma del pánico y la consecuencia del instinto de supervivencia. No hay espacio para dudar, para cuestionar, para buscar el sentido de los días y las noches que se suceden en la isla. Todo se reduce a la destrucción de lo “diferente”, que en aquellas circunstancias se traduce por “enemigo”.

Cuando la memoria de nuestro oficial atmosférico le devuelva a sus años en Irlanda, aquellos en los que su tutor se empeñaba en sacar de él todo lo que un ser humano tiene dentro para comprender al otro, como única vía de auto-conocimiento, su conciencia se preguntará: “Y si fueran algo más que monstruos?”. Y esta cuestión desencadenará los cambios drásticos en el personaje y en la isla, pues cuanto más crece en él el deseo de conocer al enemigo, más decrece el ansia de exterminio que le había guiado en su estancia en la isla hasta ese momento. Por ello, cuando Aneris entra en escena, se pone a prueba la “humanidad” de nuestro protagonista en su denodado esfuerzo por descubrir una realidad inalcanzable, la de Aneris y su mundo, por otro lado, tan necesario.

El  entorno de esta historia es determinante en el relato. El océano que rodea a la isla es en  cierto modo la disolución de la patria. El protagonista es un rebelde irlandés que crece respirando el nacionalismo que se alimenta del odio a lo británico y se estrella contra sí mismo. Su exilio en la isla pone “océano” por medio entre su pasado y su presente, a la vez que se le desvelará como el vientre misterioso de donde surgen las más inquietantes criaturas. Por otra parte, la isla que será su destino es una isla olvidada en los mapas, en las rutas marítimas, en la mente de los marineros. Olvido que acrecienta más si cabe esa soledad inherente al ser humano  por la que sabemos que por más que nos esforcemos siempre queda algo de nosotros mismos  inasequible a los demás.  Batís, el compañero náufrago que encontrará en ella y  él, el oficial atmosférico, son dos islas olvidadas en el océano de la humanidad. En cuanto al faro, no deja de ser paradójico que sea un edificio emisor de luz el que guarde tanta oscuridad en su interior. La luz del faro se proyecta sobre el horizonte, es decir,  sobre una línea más imaginaria que real, pero no sobre la propia isla. De la misma manera que sus dos habitantes proyectan luz y lógica sobre las estrategias de ataque y defensa manteniendo a oscuras la reflexión serena, la claridad del raciocinio que podía conducir su existencia en la isla a un sentido más auténtico.

Por todo ello, la lectura de La piel fría, nos evocará otras obras literarias en las que también  islas, faros y océanos han sido protagonistas: Robinson Crusoe, Los viajes de Gulliver,, Viernes o los límites del pacífico, La isla de los zurdos, Veintiún leguas de viaje submarino, La isla del doctor Moreau o El señor de las moscas, son libros maravillosos que Daniel Defoe, Jonathan Swift, Michel Tournier, Alexandre Jardín, Julio Verne , H.G.Wells  y W.illiam Golding nos han regalado.

Si os adentráis en este libro, descubriréis fascinados  que la piel de este libro es tan fría como profunda. Volviendo la última página, lograréis ser más conscientes de que los seres humanos somos seres con la textura de la contradicción, que se tantean a sí mismos en el odio y la violencia así como en el compañerismo y el compromiso. En la esperanza de los ideales y  en la amarga frustración, en la soledad que aísla y fabrica fronteras y en la necesidad de comprender al diferente, en la esclavitud instintiva con la que el miedo nos anquilosa y en la libertad que la reflexión y la confianza procuran.

 

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