SIEMPRE NOS QUEDARÁ MACONDO

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Hoy muchos nos hemos levantado un poco más tristes. Ayer se nos murió Gabo. Con él descubrimos que las líneas de una novela también pueden contener música y que todo lo que existe (el amor, el tiempo, la vida, el poder, la destrucción) puede caber dentro de una historia. Con él, lo fantástico pasó a ser nuestro territorio, tan real como la realidad misma. Con él descubrimos el hechizo, los días extraños, el olor a almendras amargas del destino de los amores contrariados. Descubrimos que se podía tentar al amor y dar forma al tiempo.
Hoy el mundo ha amanecido demasiado realista y menos mágico. Se murió Gabriel García Márquez, pero, afortunadamente, siempre nos quedará Macondo. Solo tienes que levantar la tapa de un libro y poco a poco, casi en secreto, como si lo hubiera escrito exclusivamente para ti (porque es cierto, lo escribió solo para ti) leer…

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras, blancas y enormes como huevos prehistóricos…
(García Márquez, Cien años de soledad)

Que la tierra te sea leve…

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