RECONOZCO QUE FUI YO

Yolanda Mosquera

Esta ilustración es de Yolanda Mosquera y se titula “Hay libros en blanco donde vamos escribiendo nuestra vida”. (http://bibliolectors.tumblr.com/)

Y no solo “Reconozco que fui yo“. También “Nos apretaba la mano dulcemente“, “De repente, me di la vuelta“, “Cerré la puerta de golpe“, “Ya vienen -dijo en un susurro” y “No tengas miedo, todo irá bien“.  Nuestros alumnos de 2º ESO eligieron una  o varias de estas frases y escribieron un microrrelato con ellas, utilizándolas en cualquier posición.  Y no ha sido ninguna sorpresa constatar que, excepto un alumno (que no acaba de darse cuenta de que el atajo de copietear en internet solo le perjudica a él),  todos los demás lo han intentado con maravillosos, divertidos o aterradores resultados.  He aquí una selección de los 15 mejores microrrelatos, ordenados según su extensión:

 

DIABETES           Nos apretaba la mano tan dulcemente que, de repente, nos subió el azúcar.

¡No tengas miedo, todo irá bien!  -eso le decía yo.  Ahora no tengo a quien decírselo.
 
PROMESAS INCUMPLIDAS        No tengas miedo, todo irá bien, le decía cuando le ponía el anillo en el dedo.
 
¡HASTA LA VISTA!         Nos daba la mano dulcemente.  Ese nuevo ser blanco que había pisado por primera vez nuestra tierra.
 
Aquel día todo cambió.  Estaba sentada en el sofá de mi casa tranquilamente, cuando de repente me di la vuelta y vi a mi gato volando.
 
Nos apretaba la mano dulcemente.  Cuando cumplimos los dieciocho años lo denunciamos. “No tengas miedo, todo irá bien”.  Eso dijiste.  Y mírate ahora.
 
Le apretaba la mano dulcemente y le decía “no tengas miedo, todo irá bien”.  Al día siguiente estábamos todos en su funeral y sí, reconozco que fui yo.  La maté a besos.
 
Reconozco que fui yo -asintió la sombría figura en la fría sala.  Y en ese momento, tras la declaración, la muerte fue finalmente declarada culpable del asesinato del anciano que sufrió ese infarto.
 
Ella lo miraba sin entender cómo podía amarlo tanto. Él rezaba cada día por un minuto más a su lado.  Pero todo acaba, todo tiene un final.  Él, antes de cerrar los ojos, le dijo: no tengas miedo, todo irá bien.
 
EL PARTO       Reconozco que soy yo.  Yo soy la que os cantaba tantas veces.  La que pensaba cómo estaríais cada minuto que pasaba.  La que estuvo  tantos meses a vuestro lado.  La que…  De repente abrió los ojos, y le dijeron en un susurro: ya vienen. 
 
SI NO HAY MÁS REMEDIO…       Cerré la puerta de golpe, cabreado y un poco asustado por lo que me acababan de decir.  Pero luego me adentré en mis pensamientos y me dije “¿Por qué no?”  Me levanté de la cama, me puse los zapatos, salí de mi cuarto y me fui al dentista.
 
De repente me di la vuelta y ahí estaba ella.  Lo mejor de mi vida, la razón por la que me despierto todos los días, la que me consuela cuando me caen esas pequeñas lagrimitas por la cara.  Sinceramente, y lo digo de corazón, está buenísima.  Ahí estaba ella, mi hamburguesa preferida.
 
Ya vienen -dijo en un susurro.  Entonces corrieron asustados y se escondieron en un pequeño armario.  Los niños rezaron para que no los encontrasen.  A él le entraron ganas de toser y su hermana intentó impedirlo, pero ya era demasiado tarde.  Tosió y las dos grandes figuras los encontraron.  Los niños suplicaron, pero no había remedio: era la hora del baño.
 
Corría sin mirar atrás.  A su paso, dejaba de lado la inmensidad de la jungla, mientras escapaba de su captor.  Intentaba concentrarse en no caerse y no pensar en el pelo negro y brillante de la pantera que le perseguía.  De repente, tropezó con una roca y el animal le dio alcance.  Fue consciente de que ya no le quedaba ninguna vida y entonces apareció en la pantalla “game over”.  La partida había acabado.
 
ESCUELA CALLEJERA         Soledad, tristeza, ilusión… es lo que transmitía aquel hombre mientras me apretaba la mano dulcemente, con ternura, ansioso por demostrar que sabía y padecía como el resto de la humanidad.  Quién me iba a decir que tras aquella máscara de mugre y sudor comprendía con una sola mirada el tormento que aflige al alma humana.  Y todo comenzó con una buena acción, yo pensaba que le ayudaba pero aquel erudito de los suburbios me dio una lección.  La vida te da lecciones.  Otra cosa es que las aceptes.

 

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