TODO LO QUE ERA SÓLIDO, de Antonio Muñoz Molina

Todo lo que era sólido.  Antonio Muñoz Molina. Ed. Seix Barral, 2013.

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Los libros de ensayo no suelen frecuentar nuestras estanterías. Es verdad que no cuentan con el atractivo de la ficción que nos seduce con sus historias. Ni con la sutileza de la poesía que nos eleva el espíritu y afina nuestra sensibilidad. Tampoco suele ofrecer la intensidad del teatro. Sin embargo, el ensayo nos permite participar del razonamiento de quien se detiene a reflexionar sobre los problemas que afectan al ser humano por dentro y por fuera. Sabemos que la inteligencia es difícil de definir, pero la magia del ensayo la hace visible. Sí, leer ensayo es visualizar la inteligencia de quienes se atreven a profundizar en las razones de las cosas.

Si bien es cierto que hubo épocas mejores para los libros de ensayo, como atestiguaría Ortega y Gasset entre otros,  nunca es tarde para iniciarse en estas lecturas que nos desafían de verdad, pues su final dramático, indiferente o feliz será el reflejo de nuestro éxito o fracaso al abordar los problemas de nuestro tiempo.

Un ensayo lúcido y asequible a cualquier tipo de lector es el que ha publicado hace unos meses Antonio Muñoz Molina, recientemente galardonado con el premio “Príncipe de Asturias de las letras”. Todo lo que era sólido argumenta sobre la realidad de los últimos años en nuestro país, una realidad que creíamos tan firme como el SER de Parménides, fija, inmutable, duradera… Cuando menos lo esperábamos, la crisis empezó a resquebrajarla bajo nuestros pies, recordándonos, como el DEVENIR de Heráclito, que todo fluye y nada permanece. La realidad feliz, boyante, frenética, existosa, se desvanecía para despertarnos de la alucinación colectiva en la que vivíamos.

Pero en cada libro de ensayo encontramos siempre un cierto renacer y el libro de Muñoz Molina no es una excepción. Son lecturas que amplían nuestras ideas sobre lo posible, alimentan nuestra imaginación intelectual, tan necesaria para investigar, se detienen en el valor de los problemas mismos, flexibilizan nuestras actitudes haciéndonos resistentes al dogmatismo ; y por si todo esto fuera insuficiente, como una chispa se reconocería en una estrella, nuestra inteligencia se reconoce  en la razón universal.

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