LOS PECES NO CIERRAN LOS OJOS, de Erri de Luca

Imagen de Sergio Larrain (Magnum Photos) para la portada de la novela

Imagen de Sergio Larrain (Magnum Photos) para la portada de la novela

LOS PECES NO CIERRAN LOS OJOS
Autor: Erri de Luca
Editorial: Seix Barral. 
Marzo 2012
 

Sin duda, un descubrimiento.  Un libro absolutamente delicioso, conmovedor, diferente,  escrito de una manera especial.  Un hombre que roza ya la vejez recuerda el lejano verano de sus diez años, en un pueblecito pesquero cerca de Nápoles.  Un verano en el que descubrió qué era eso que los adultos llaman amor.  A través de los ojos del adulto vemos el niño que fue, y entre las líneas del niño se asoma el adulto que será.

Dicho así, no parece que sea nada nuevo: solo un libro más sobre el final de la infancia, el descubrimiento del amor, de los problemas del mundo adulto… Pero lo que hace especial e imprescindible esta novela es la manera como está escrita: la delicadeza con la que están elegidas las palabras una a una, la forma a veces tan sorprenderte de unirlas, que dan ganas de aprender italiano solo para padalearlas mejor;  la unión entre episodios (sin numerar, sin clasificar) que se ligan hasta formar un todo continuo donde resaltan pequeños detalles y donde el pasado luminoso del final de la infancia y el presente un tanto desengañado se unen sin solución de continuidad.

Si las primeras cincuenta o sesenta páginas surten el efecto del pegamento entre el libro y la mano (es imposible separarse de él y dejar de leerlo), el final te pega el libro directamente al corazón, y de ahí sí que ya no hay manera de soltarlo.

Quizá lo mejor sea no seguir elucubrando más sobre Los peces no cierran los ojos y empezar directamente a leerlo.  El que sigue es un fragmento de la página 15:

Conocía a los adultos, excepto un verbo que ellos exageraban en agigantar: amar.  Me fastidiaba su uso.  En aquel primer curso, el estudio de la gramática latina lo empleaba como ejemplo de la primera conjugación, con el infinitivo en -are.  Recitábamos tiempos y modos del amar latino.  Era una golosina obligatoria para mí, indiferente a las pastelerías.  Lo que más me irritaba era el imperativo: ama.

En el ápice del verbo los adultos se casaban, o bien se mataban.  Era responsabilidad del verbo amar el matrimonio de mis padres.  Junto a mi hermana, éramos un efecto, una de las extravagantes consecuencias de la conjugación.  A causa de aquel verbo se peleaban, permanecían callados en la mesa, se oía el ruido del masticar.

En los libros había un tráfico denso alrededor del verbo amar.

¿Se puede decir mejor?  Posiblemente no.

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Una respuesta a “LOS PECES NO CIERRAN LOS OJOS, de Erri de Luca

  1. ¡Pero qué bien lo habéis dicho!
    Lo copio y pego en mi blog, con vuestro permiso.

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