PARADERO DESCONOCIDO, de Kressmann Taylor

paradero-desconocidoTítulo: Paradero desconocido.  Autora: Kressmann Taylor.  Traducción: Carmen Aguilar.  Edición: RBA libros, 2010 (de esta edición.  Se publicó por primera vez en 1938, en la revista estadounidense Story.)
 
 

Es increíble cómo es esto de la concentración.  Ejemplo: llego a la parada del tanvía un domingo de febrero por la mañana, con un aire helado de esos que dejan sin respiración y  leo en el panel informativo que todavía faltan trece minutos hasta que llegue el próximo.  Armada de paciencia y de un libro que me recomendó mi librero favorito, me siento en un banco de la Gran Vía, al sol y de espaldas al aire.  Y empiezo a leer.  De repente, el aire deja de soplar, los coches dejan de hacer ruido, el mundo se detiene y solo la correspondencia  entre dos hombres de unos cuarenta años es real. Uno vive en San Francisco; el otro, su amigo y socio en una galería de arte, acaba de trasladarse a Alemania.  Estamos en 1932. Es el comienzo de Paradero desconocido, de Kressmann Taylor.  Un extraordinario relato epistolar de apenas 75 páginas.  Las novelas creadas a base de cartas tienen algo de especial y de esencial, porque nos acercan al ojo indiscreto de una cerradura que nos permite mirar, casi como intrusos, la intimidad de dos personas.  Sin embargo, el intruso-lector tiene reservado un gran papel, porque es el que a menudo debe reconstruir los hechos que solo se sugieren, o se sobreentienden,  y la narración avanza sutilmente entre líneas.  Esto llega a su máxima expresión en Paradero desconocido, donde es mucho más lo que no se dice (la aterradora realidad que no se dice) que lo que se cuenta.  ¿Cómo es posible que en tan pocas páginas, y sin nombrarlos directamente, se den cita la amistad, la nostalgia, el reconocimiento, el miedo, la venganza, el horror? ¿Cómo es posible que en tan pocas líneas podamos asistir a lo más contradictorio del ser humano, a la evolución más espantosa,  hasta llegar a esa última página donde, sin decir absolutamente nada, lo dice absolutamente todo?

Llego a esa última página y levanto la mirada, todavía anonadada.  De nuevo, el aire helado, los ruidos de los coches, el tranvía que hace rato que se ha marchado, y todavía faltan tres minutos para el siguiente.

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