EMOCIONES ELÉCTRICAS (II)

Y aquí va la segunda entrega de las “Emociones eléctricas” de los alumnos de 1º ESO , al estilo del “Llanto eléctrico” de Raúl Vacas en Esto y E.S.O.  Si quieres ver la primera entrega, pincha aquí.

EL GRITO ELÉCTRICO

Hay algo de magnético en el grito.  Como si las palomas te irritaran las neuronas del cerebro, como si sintieras un ataque de adrenalina en todo el cuerpo.  Gritar por un estuche abierto, por un infierno feliz, por un hotel con telereañas, por una chatqueta fosforita.  Gritar hasta que alguien sospeche de mi existencia, hasta que alguien me hable en este mundo, hasta que se me pase mi hiperactividad.  Gritar con desprecio hacia la gente.  Gritar en un callejón sin salida, en el nicho de mi propio ataúd y, simplemente, gritar con nostalgia por haberte olvidado.  Gritar por ella, por nosotros, por el precio del aire, por mí, por todos mis compañeros.   (LORENA)

LA RISA ELÉCTRICA

Hay algo de magnético en la risa.  Como si un bicho te rascara el corazón y no quedara más remedio que reír.  Reír por los payasos, por las tonterías de Manuel, por las deformidades, por los nombres de medicamentos, por las caídas de la gente, por la risa de Ana, por los sonidos y los olores extraños, por el baile de “Little Miss Sunshine”, por los chistes buenos (y por los malos), por los que conducen con cara de chulos, por la teletienda, por la gordura de la cobaya de una amiga.  Reír con tus padres, con tus amigos, con los desconocidos, con tus abuelos, con tus hermanos, con tu profesor de matemáticas, con los compañeros.  Reír por mí y por todos mis compañeros.  (DAVID)

LA RISA ELÉCTRICA

Hay algo de magnético en la risa.  Como si un cosquilleo recorriera tu cuerpo y te hiciera ver las cosas de otra manera, mucho mejor, más positivas.  Y no quedara más remedio que reír.  Reír por las personas que están junto a ti, por esas nubes blancas que parecen algodón, por las cosas bonitas y divertidas, por el arcoiris, por el verano, por todas las cosas que tienes buenas, por todo lo que te hace ver la vida mucho mejor.  Reír por los fantasmas y las jaulas, por los martes, por los petroleros, reír por ella, por nosotros, por el precio del aire, por mí, por todos mis compañeros.   (ANDREA)

EL SUSPIRO ELÉCTRICO

Hay algo de magnético en el suspiro.  Como si un balón fuera a por ti y se alejara al instante.  Suspirar después de que el corazón esté a punto de salirse del pecho, o meterte en un camino sin luz y después ver la luz, suspirar es rozar la muerte con los dedos.  Suspirar por levantarse en viernes, por nadar hacia delante y acabar en el mismo sitio.  Suspirar por mí y por todos mis compañeros.  (MARIO)

EL SUEÑO MAGNÉTICO

Hay algo de magnético en el sueño.  Como si un hombre estuviera entrando en casa mientras las bolas de nieve se deslizan por la mosquitera de mi ventana.  Soñar con el aire en las copas y la tentación de asomarse ligeramente a la ventana.  Soñar durante un rato con el ruido que hacen las largas y suaves cortinas.  Pensar que hay una persona tras esas cortinas, la prueba es el latido de su corazón que oculta al anochecer.  Soñar sin un hombre perverso que me llene la cara de oscuridad y sin un antónimo de “luz” que me vacíe la alegría.  Soñar con el aire mudo antes de una tormenta.  Nunca podremos decir que no había una segunda persona.  Buscaré un camino en el que no haya pensamientos oscuros y huiré donde mi brújula diga.  Una vez encontrado el camino, sentiré el silencio de los pies calientes y de mis ojos rogando entrar a casa.  Soñar por él, por nosotros, por el precio del aire, por mí, por todos mis comapñeros.  (ALBERTO)

LA DIVERSIÓN ELÉCTRICA

Hay algo de magnético en la diversión.  Como si un rayo recién caído del cielo te hiciera un cosquilleo en el cuerpo, lleno de chistes absurdos.  Y entonces, habrá que divertirse.  Divertirse haciendo de Mary Poppins con un paraguas, con los locos del manicomio, con una simple zapatilla que la lanzas, con una moneda, con un árbol, con una colchoneta, con una calculadora o con una pradera.  Divertirse como un crío, como alguien que no conoce la diversión, como una bolsa que ahora vuela libremente, como un globo recién pinchado cansado de soportar al niño, como una hoja de un árbol, como una piscina cuando la llenan o como el césped recién cortado.  Tenemos la obligación de divertirnos, da igual por qué, por la mesa, por un enemigo, por una apuesta, por mí y por todos mis comapñeros.  (ANA)

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